sábado, 19 de octubre de 2024

VIAJE A VIETNAM Y CAMBOYA: capítulo I HANOI



DÍA 1 UNO:  11 de Septiembre del 2024, LLEGAMOS A HANOI
 Aterricé por fin en el Sudeste asiático, después de haberlo pensado muchas veces se materializó, es difícil decidir por donde empezar a contar de tantísimas cosas vistas y de imágenes tan impactantes.

El país de las motos, ¡qué locura el tráfico!!!, la gente de la sonrisa eterna y de las casas estrechas con forma de caja de cerillas. Este estado de la Península Indochina nos suena a todos de la famosa Guerra del Vietnam, que acabó en 1975 y de la que queda poco rastro ya, o esa impresión da así de primeras.
Aquí cuelgo un resumen, resumidísimo que hice de Historia de Vietnam e Historia de Vietnam II  para mi equipo.
Primero recordar lo de siempre, este tipo de viajes son un palizón, o te gusta realmente mucho conocer otros mundos o si no mejor quédate en una playa cercana a tu casa. Las horas de vuelo, las escalas, los cambios horarios, el calor asfixiante de los trópicos, el frío helador de los aires acondicionados, la comida diferente, las diarreas del viajero, en fin, todo un montón de incomodidades que hay que superar en la dura vida del turista.
Pero ahora viene lo bueno, o casi, porque en esta ocasión tres días antes de aterrizar en Hanoi, había tocado tierra un ciclón tropical de categoría máxima que había dejado más de trescientos muertos en el norte del país y un sinfín de daños materiales, muchos árboles de la ciudad habían sido arrancados de cuajo y estaban tumbados con las raíces y las baldosas a varios metros del suelo; los tejados de las casas habían volado y dejado al descubierto miles de edificaciones; atravesamos el río Rojo, que viene de China y trae él sólo más agua que todos los grandes ríos españoles juntos, al pasar por un enorme viaducto que encontramos entre el aeropuerto y la ciudad vimos como se habían inundado todas las riberas y sumergido las construcciones de estas zonas bajas, de las que se veía emerger alguna azotea, además nos comentó la guía que seguía aumentando el caudal ya que los chinos estaban abriendo compuertas de embalses aguas arribas, con lo cual miles de personas seguían siendo evacuadas porque sus pueblos se iban a inundar. Durante este trayecto no paraba de diluviar y negros nubarrones se cernían también sobre nuestros estados de ánimo, mi gente no cesaba de expresar en alto el "¿dónde nos hemos metido?", yo intentaba tranquilizar a la concurrencia con un "seguro que en un rato escampa y vemos el sol", con el optimismo que me caracteriza🥴.

Lo primero que ves desde el bus es una marabunta de motos, cientos, miles, con una o varias personas encima, que llevan puesto un impermeable y unas chanclas de agua y conducen de una forma completamente impredecible, se cruzan por delante, se suben por las aceras, hacen giros impensables para nuestra normativa occidental, pegan bocinazos todo el rato, no para abroncar sino para avisar, bueno que por mucho que te cuente hasta que no lo veas no te lo puedes ni imaginar.
Allí la gente se saca su carnet de moto a los dieciocho años, porque no hay otra forma de moverse por esta enorme ciudad que tiene 8,5 millones de habitantes y no dispone de metro. Pero las normas de circulación sólo existen en teoría, es absolutamente imposible cumplirlas, pero lo que nos advirtió desde el bus Ana, la guía, es que nosotros deberíamos caminar entre esas motos, ya que las aceras están ocupadas en su mayoría por lo que aquí llamamos terrazas, con gente guisando o haciendo cualquier actividad a la puerta de su negocio, y los pocos huecos libres con cientos de motos aparcadas. 

Como no había que rendirse al desánimo llegamos al hotel The Ann ( recomendable por servicios y ubicación) tras un día de viaje, nos apañamos un poco y salimos a la conquista de la ciudad. 

Comenzó la odisea de caminar por las calzadas, cruzar las calles con los ojos cerrados rezando para que las motos no te atropellaran y esquivando también la gran cantidad de árboles arrancados en las aceras. Finalmente conseguimos llegar al lago Hoan kiem, ya anochecía y sobre las aguas del lago se reflejaba el famoso puente rojo (Huc) por el que se cruza a la Pagoda Ngoc Son , primera, de las muchas  que veríamos los siguientes días.

El puente, de madera pintada en rojo estaba iluminado y se reflejaba en el agua. Dentro de la pagoda tuve la sensación de que se asemejaba mucho a cualquier iglesia llena de santos, de las de aquí, con la diferencia de los rasgos orientales de aquellas figuras. Las ofrendas, tan colocaditas llamaban también mi atención. 

Buscamos a continuación donde cenar en esta animada plaza , creo recordar que en el  Restaurante  Lake View Side, yo no acerté con la primera sopa a por la que me lancé, los demás salieron contentos. Tras cenar dimos una vuelta al lago para ver el ambiente de la plaza y volvimos para el hotel no sin antes pegarme un talegazo impresionante, resbalé y caí de culo todo lo larga que soy al suelo, me dí un golpe fortísimo en el trasero y la cabeza, lo importante es que no me rompí nada. Me dormí pensando que seguro el día siguiente sería mucho mejor, como a la postre así sería.
DÍA DOS, 12 de septiembre. A CONOCER HANOI. 
A las ocho de la mañana estábamos esperando a la guía, Ana, una persona fantástica que nos mostraría su ciudad y nos acompañaría durante seis días hasta el centro del país. Ya iré contando más cosas de ella.
Fuimos a buscar a nuestros compañeros de viaje y caminamos un poquito desde su hotel hasta el lago Ho Tay o lago Occidental, una enorme masa de agua dentro de la capital junto a la que se encuentra la Pagoda Tranc Quoc, bellísima, Ana comenzó a explicarnos aquello que nuestros ojos no dejaban de admirar,  después nos dejó tiempo para tomar nuestras fotos.

 Las pagodas son templos budistas, con distintas estancias, la capilla con las imágenes, la torre y otras dependencias donde viven los sacerdotes o frailes, o lo que sean. Las torres, que se llaman estupas tienen diferente número de pisos, esta concretamente tenía 11, que parece ser que es el número de "estaciones" que tiene que recorrer el alma humana para llegar a la perfección o nirvana.


Yo nunca imaginé que las capillas de las pagodas estaban tan repletas de imágenes, son una réplica de los altares barrocos católicos sólo que con estética oriental como dije anteriormente. Los altares en lugar de extenderse a lo alto en pisos y calles como los de aquí, lo hacen en profundidad y están ocupados por distintas advocaciones de Buda o Confucio, según proceda. Buda por lo que percibí puede desdoblarse en todo el santoral católico, el que te protege de los malos espíritus, el que te da sabiduría, la buda que te protege en los partos; pero es el buda feliz, gordinflón y sonriente, uno de los más populares. La guía advirtió a los barrigudos del grupo que no se tomaran a mal si alguien les tocaba la tripa, para los locales son budas felices y les traen suerte.

Cuando salimos de aquí cogimos el bus y nos dirigimos al complejo "Ho Chi Ming", lugar donde está la tumba del "padre de la patria" al más puro estilo soviético, emula a la de Lenín. Recordar que este dirigente político, nacionalista primero y comunista después, consiguió derrotar a los franceses que habían colonizado su país durante los últimos cien años y finalmente murió en 1969 cuando los vietnamitas intentaban derrotar a los estadounidenses que eran los nuevos amos en el sur, y así unificar de nuevo el país. Su mausoleo es visitado por cientos de ciudadanos cada año. Al parecer está de cuerpo presente, embalsamado, y lo llevan de vez en cuando a Rusia a darle un retoque. Hay que señalar que se contravinieron los deseos del finado que tuvo una vida muy sencilla y hubiera querido que le incineraran.


En cualquier caso nosotros nos evitamos la visita al cadáver, la plaza en la que se ubica es un espacio enorme al más propio estilo comunista que te recuerda a la "Plaza de la Revolución de la Habana" o salvando las distancias, a la "Roja de Moscú" . Hay edificios interesantes alrededor, de estilo francés, uno de ellos el del Parlamento.
Muy próxima a la plaza está la pagoda del Pilar Único, muy pequeñita, sobre un estanque de nenúfares, donde vietnamitas y visitantes oran para tener descendencia.  
Tenía mucha magia este lugar, nos gustó un montón.

Desde aquí, otra vez al bus y a uno de los muchos museos de la ciudad, la agencia había elegido por nosotros y nos llevaron al etnográfico. Lo primero que aprendimos fue "Xin Chao", "hola" en vietnamita y después, con mucho entusiasmo, Ana nos fue explicando lo que veíamos, que básicamente eran grupos étnicos de zonas rurales y sus formas de vida tradicionales, así como sus casas de madera y todo tipo de vestimentas y aperos.

 Muy interesante todo, si eres de pueblo y tienes sesenta años algunas cosas te recordaban a tu propia infancia.
Y aunque alguno ya pensaba en la cervecita y le salían las pagodas por las orejas, había que visitar el último gran recinto antes de comer.

 Se trataba del Templo de la Literatura, en realidad la primera universidad que se fundó en Vietnam. Bueno... bueno, ¡qué chulada!, como fue construida durante la dominación china, la estética (aunque yo no he estado nunca allí) nos recordaba al gigante del norte, esas estructuras con tejados  acabados en aleros curvos tan característicos 🏯, y con columnas de madera pintadas de rojo ⛩️. Pero lo que llamó la atención de parte de mi equipo fueron la explicaciones de la guía sobre la dureza de los métodos de estudio y la dificultad para pasar aquellas durísimas pruebas a que debían someterse los estudiantes.

Las inscripciones estaban en alfabeto chino, ya que se construyó durante la dominación de sus vecinos del norte. Había muchas esculturas con tortugas por todas partes, son símbolo de sabiduría y longevidad. 

Y ahora sí, ya nos fuimos a comer, Hoang' Restaurant,  nos estaban esperando en un comedor para nuestro grupo con comida típica vietnamita, muy amablemente nos iban explicando como mezclar los rollitos y demás platos.

 Bebida y café no entraba, eso todos los días tuvimos que pagarlo aparte, pero no era caro, las cervezas a 27000 dong o como mucho 50000, que es entre uno y dos euros, marcas Tiger o Hanoi, que se dejaban beber a decir verdad tras el ajetreo de la mañana nos supieron buenísimas. La camarera insistió en que le pusiéramos una buena reseña, cosa que nos pedirían en casi todos los sitios en adelante.
Por la tarde teníamos un paseo por el barrio antiguo y nos esperaban los toc toc para darnos una vuelta. Un señor conduce una bici con un asiento delante donde lleva a uno o dos pasajeros, según el peso. Después comentamos entre nosotros, y así se lo dijimos a la guía, que eso de que nos lleve otra persona dando pedales por nosotros, nos hace sentir un poco incómodos. Entendemos que se sacan unas perrillas, será una actividad adicional, o eso suponemos, a otra que tengan y les vendrán bien unos dong pero esperamos que sea ya algo residual. En Camboya los tuc tuc son motorizados y eso ya es otra cosa.

Junto al lago Hoam Kien, donde habíamos estado la noche anterior, nos dejó Ana y después de algunas dudas sobre qué hacer nos tomamos un café en The Note Cofee , es otro clásico de Hanoi, la gente va dejando post it por todas partes, es un lugar ideal para los instagrammers, para mí un tanto incómodo, una escalera muy empinada y un espacio muy pequeño y con techo muy bajo, no obstante entiendo que es un lugar muy vistoso para la gente joven. Los camareros muy amables me sirvieron el típico egg cofee que me gustó.

Y para rematar un día tan ajetreado nos faltaba la Calle del tren , sabíamos que el tren no pasaría, Ana nos había dicho que tras el tifón se había inundado parte de la vía, pero no obstante quisimos ver el ambiente y no defraudó; no hay apenas acera, sus habitantes han aprovechado sus viviendas para montar pequeños bares y cafeterías para los turistas en la planta baja. La calle es luminosa y ruidosa, nos hicimos montones de fotos y nos sentamos a tomar una cerveza y un pincho y a descansar un rato de tanto trajín, pero debíamos marcharnos, al día siguiente salíamos para la Bahía de Halong.

 Por la mañana nos habíamos llevado un disgusto tremendo cuando Ana nos dijo que seguramente no podríamos ir a la Bahía, pero por la tarde nos confirmó que saldríamos no a Halong, que estaba totalmente destrozada y con los barcos hundidos por el tifón, sino a otra próxima donde al menos los barcos se habían mantenido a flote y en uno de los cuales nos habían conseguido alojamiento. Esto fue un notición y el revulsivo que necesitábamos, aunque yo estaba tan cansada que a medio camino del hotel negué y hubo que pedir un taxi. No obstante a la mañana siguiente salí tremendamente ilusionada y muy recuperada para ir a Lang Ha, que así se llamaba la bahía que visitaríamos y que te cuento en el siguiente capítulo.







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