¡Cómo me gusta Portugal! Me encanta, aunque conozco más bien poco de nuestro país vecino. Su habla parece cercana pero he de confesar que no entiendo nada cuando hablan entre ellos, y si se dirigen a mí también me cuesta, aunque percibo que ellos nos entienden perfectamente cuando les hablamos en castellano.
Encontramos buena cerveza y bien de precio, y una decoración a base de matrículas de coches, chapas, vinilos, billetes antiguos, etc... se estaba la mar de agusto.
Avanzas hacia ella por lo que es el centro neurálgico de la ciudad, la plaza/avenida del Vizconde Guedes Teixerira, con tiendas bares y restaurantes a los lados y en el centro un bulevar ajardinado, con fuentes dedicadas a las estaciones del año.
Lo poco que he leído de sus escritores me parece buenísimo, Saramago y Lobo Antunes. Por no decir la arquitectura de Álvaro Siza, sublime, qué pasada!!!
La cuestión es que siempre tengo la sensación de que me tengo que poner con Portugal y esta vez se me puso a huevo, como suele decirse, me concedieron una de las visitas culturales de la CAM, que me llevaría por la Ribeira Sacra portuguesa y que además me lo daban todo hecho, no tenía que organizar nada como suelo hacer en otros viajes así pues, genial, a ello...
De lunes 3 de noviembre hasta el viernes 7 al hotel 🏨 Pedras Salgadas en la freguesía del mismo nombre perteneciente al concello de Pouça de Aguiar. La misma tarde de nuestra llegada visitamos el precioso parque municipal, donde hay manantiales de aguas termales con propiedades medicinales.
Las aguas se descubrieron en 1872 y en torno a ellas se construyeron balneario, restaurante y casino, en el estilo modernista propio de aquella época. Todo el complejo se ha rehabilitado recientemente y está en funcionamiento. El casino ha cambiado a un uso cultural.
Perfectamente integradas dentro de la arboleda hay unas ecocasas que se alquilan para fomentar el turismo de interior.
El martes, día 4 de noviembre, visitamos por la mañana Guimaraes, el lugar que presume de ser la cuna de Portugal.
Es una ciudad Patrimonio de la Humanidad la mar de interesante. Nos acompañó en la visita un guía local y empezamos por el castillo, se trata de una soberbia fortaleza construida en granito, donde se dice que nació el primer rey de Portugal, Don Alfonso Henriquez. Se conserva también la Iglesia de San Miguel, en la que dicho rey fue bautizado.
Muy cerquita está también el Palacio de los Duques de Braganza, con unas llamativas chimeneas y convertido actualmente en Museo, aunque nos dijeron que se utiliza para otros muchos usos, entre ellos para bodas.
Justo en la Plaza que hay junto al palacio se encuentra la escultura de don Alfonso Henriquez, ese primer rey de Portugal, hijo de una infanta leonesa y de un borgoñón.
Toda esta zona está fuera de lo declarado como Patrimonio porque al parecer está restaurado en exceso.
Descendimos de la colina en la que se ubica el castillo 🏰 y ahora sí nos metimos por el casco histórico, sus estrechas calles y sus placitas tan pintorescas son absolutamente evocadoras.
Pasamos junto al antiguo convento de las clarisas que es hoy el Ayuntamiento, construido en el típico barroco portugués de muros blancos con granito en vanos y esquinas, y con ese lenguaje opulento que decora portadas y ventanales.
Y si te asomas al interior esos panes de oro. Pero sobre todo la magnífica azulejería azul que sólo puedes encontrar en nuestro país vecino.
Recordemos que Portugal vivió un momento extraordinario en el siglo XVIII tras independizarse de España, cuando se descubrieron minas de oro y diamantes en Brasil y se enriquecieron sus clases pudientes. Gran parte del Barroco y Rococó que encontramos por el norte de Portugal responden a ese advenimiento de riqueza.
Volviendo a las calles de Guimaraes no podemos dejar de comentar el magnífico empedrado por el que caminamos en todo momento.
Nos dirigimos desde la Plaza de Sao Tiago a la de Largo de Oliveira. Tiene esta última un curioso monumento gótico que se erigió para conmemorar la victoria cristiana sobre las huestes musulmanas en la Batalla del Salado. También la Iglesia de Nossa S. de Oliveira, de origen románico, que en su día formó parte de un convento convertido hoy en el Museo Alberto Sampaio, muy popular en la ciudad.
A continuación nos dirigimos a la Plaza Largo de Toural, donde están las famosas letras de Aquí nasceu Portugal. Es la zona de la ciudad donde acababa la muralla y hoy está rodeada de coloridas casas pombalinas.
Recordemos también que en 1755 un fortísimo terremoto destruyó por completo la ciudad de Lisboa. La reconstrucción reinando José I, se encargó al Marqués de Pombal, y ese estilo de la capital se copió después en otras villas portuguesas. Dicho estilo es sencillo, comparando con la moda rococó de la que se partía, son edificios de tres o cuatro plantas eliminando el exceso de ornamentación y que llevaban incorporada una estructura interior antisísmica.
Nos quedó un poco de tiempo para hacer un receso y tomar unos buñuelos de bacalao, comprar una navaja (para poder pelar la fruta en el hotel), así como el consiguiente imán, y ya marchar a comer porque por la tarde visitaríamos Chaves.
Aunque de camino al bus nos quedaba por ver ese espacio absolutamente rococó que son Iglesia y jardines de Nuestra Señora de la Consolación.
Chaves es una villa medieval cercana a la frontera con España, Chaves significa llaves en español, y parece que el nombre le viene a la ciudad del dicho: "quien tenga las llaves de este enclave tendrá las de todo Portugal".
El autobús nos dejó junto a la calle Cándido Sotto Mayor que desembocaba en el Puente de Trajano, sobre el río Tâmega, y que es de origen romano así como el resto de la villa.
Cruzamos el puente y nos dirigimos a sus termas romanas, un punto recuperado para el turismo, que se conserva bastante bien a pesar de sus dos mil años.
Subimos hasta la Iglesia de Santa María la Mayor o Iglesia Matriz, está en la plaza de la República y tiene origen románico.
Al ladito nos encontramos la plaza de Camões donde hallamos edificios interesantísimos. La Oficina de Turismo que fue palacio de los Duques de Braganza y alberga actualmente un museo con objetos de la antigua Aquae Flaviae . El Ayuntamiento o Cámara Municipal, precioso edificio neoclásico y una pequeña iglesia con azulejería, La Misericordia, que no pudimos ver.
El Castillo conserva una potente torre del homenaje y una parte del recinto amurallado, actualmente convertida en una zona ajardinada.
Se nos hizo de noche haciéndonos fotos entre cañones y jardines.
Teníamos una hora libre y nos acercamos a la plaza Largo General Silveira donde están las letras de CHAVES con la Biblioteca Municipal al fondo.
Me hubiera gustado curiosear por las tiendas de la zona, pero Jose prefería una cerveza 🍺 y la tomamos junto al puente, en un garito la mar de curioso, Bar 23 .
El miércoles 5 de noviembre diluviaba, como yo no puedo llevar paraguas y los dos bajo el mismo nos íbamos a empapar decidimos quedarnos en el hotel a la espera de la salida para Lamego por la tarde.
El bus comenzó su marcha por la provincia de Vila Real, camino de Peso da Regua, donde teníamos intención de parar junto al Duero, para observar sus puentes y riberas, pero diluviaba.
Lo verdaderamente espectacular lo veníamos viendo por el camino y lo veríamos al día siguiente: Lo que es la Ribeira Sacra portuguesa. Al igual que en España, en esta zona el Duero (Douro para ellos) y sus afluentes se han encajado en una penillanura de rocas antiquísimas y esos tremendos desniveles de terreno vienen siendo aprovechados para construir terrazas (otros lo conoceréis como bancales) y sembrar en ellos única y exclusivamente vides, con objeto de producir su afamado vino de Oporto.
Una cosa es contarlo y otra verlo, no hay ni un palmo de terreno desaprovechado, ni un muro derruido, todo es un espectáculo de color para la vista. Estamos en otoño y en cada parcela las vides toman una coloración distinta. Resumen: nos encantó!!
Cómo los días son ya tan cortos y estaba tan nublado, al llegar a Lamego casi anochecía.
Esta pequeña villa es famosa por poseer una ermita de peregrinación muy similar al Buen Jesús del monte de Braga. En este caso se llama Nuestra Señora de los Remedios.
Es el típico espacio barroco, con distintos puntos de fuga que confluyen en el Santuario de Nosha Senhora de los Remedios, que se alza encaramado a lo alto de una escalinata de 686 pasos. En los tramos de descanso se ven preciosos azulejos con su azul característico, pero como en tantas ocasiones, hube de conformarme con verlo desde abajo.
Después visitamos la Catedral, conserva algún resto románico en la torre, un poco de gótico en las portadas y mucho barroco en todo lo demás.
Visitamos el claustro, del siglo XVI, una señora intentó darnos alguna explicación en portugués, pero yo solo la entendía algo de Santo Antonio y de las crianças, que creo que son los niños.
Ya era de casi de noche y por allí deambulamos Jose y yo entre los fantasmas portugueses 👻 que pasean por el claustro cuando oscurece.
Lo mejor era ya esperar la hora viendo el ambiente de los bares y eso hicimos, tras pasar junto a la preciosa fachada del teatro Ribeiro Concieçao.
Por la misma provincia de Vila Real fuimos el día siguiente, el jueves 6 de noviembre, hasta Pinhao.
El descenso en bus desde la penillanura hasta la ribera del Duero, por una carretera llena de curvas y entre viñedos fue todo un espectáculo.
Cada finca , que allí se llaman quintas tiene su correspondiente letrero identificativo y una tonalidad diferente a la vecina. Me hubiera encantado parar en una a probar su afamado Oporto.
Esta freguesía, ubicada junto al Duero, tiene una preciosa estación de ferrocarril que se construyó en el siglo XIX y está decorada con preciosos paneles de azulejería que representan escenas y paisajes relacionados con la cultura del vino.
Nos dirigimos desde ahí a un embarcadero para pasear por el Douro durante un buen rato, en el barco la perspectiva desde abajo de los bancales no es tan buena como bajando en el bus.
No obstante nos agasajaron con un vinillo y echamos un rato de conversación con los demás integrantes del grupo.
Como cada día a la hora de comer estábamos de regreso en el hotel 🏨.
Esa tarde visitaríamos una ermita que había allí mismo junto a Vila Pouça de Aguiar y desde la que había buenas vistas del valle.
De regreso paramos a hacer las compras de rigor, alguna botellita de vino de Oporto para compartir con la familia y ya estaría...
Porque el viernes, siete de noviembre, nosotros no podríamos volver con el grupo que iba a visitar Braganza. En nuestro caso nos esperaban asuntos irrenunciables en Madrid por lo que dijimos adiós, hasta pronto a nuestro vecino Portugal 🇵🇹
Y tras tan esforzada redacción, que realizo últimamente por cada nuevo destino que visito, llego a Madrid y cojo de mi estantería un libro que me regaló hace muchos años Mari Luz, que se titula Viaje a Portugal del ilustre José Saramago, y ocurre que me muero de vergüenza por hacer públicos estos, llamémosles diario de viajes, sin tener ni idea del noble oficio de la escritura. Así pues me despido pidiendo perdón por tamaña osadía y rindiendo homenaje a tan ilustre escritor.
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