viernes, 25 de septiembre de 2026

UN FINDE EN EL LAGO SANABRIA

Si quieres un destino chulo para pasar un finde en el campo, el lago de Sanabria es una opción perfecta.

Nosotros estuvimos a finales de junio pasado, y como disponíamos únicamente del fin de semana procuramos aprovecharlo bien, senderismo, naturaleza, historia, etc.
Como al viajar a Asturias y Galicia se pasa por Benavente, yo tenía ganas, desde hacía mucho tiempo, de parar en esta villa histórica tan ligada a los duques del mismo nombre. Esta familia tan ilustre tuvo aquí una residencia en su palacio/castillo que se ha conservado convertido en Parador de Turismo. Propuse comer aquí,  y disfrutar entre el frescor de sus muros de piedra de los tesoros artísticos y culinarios que suelen albergar los Paradores. Nos marchábamos ya, cuando Maca y Jaime nos mostraron un espectacular artesonado mudéjar que recordaban desde su primera visita al lugar en sus años jóvenes.

La villa tiene un poco de todo, desde iglesias románicas hasta casas en ladrillo de estilo modernista que dan fe de un pasado pujante. 

Dimos un paseillo por el centro y tomamos una caña, había ambientillo, pero hacía mucho calor.
El alojamiento lo teníamos en Remesal, aldea ya cercana a La Puebla de Sanabria y famosa por el encuentro celebrado allí en 1506 entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso, su yerno, en el que se dirimía el futuro de Castilla tras la muerte de la reina Isabel.
La  Casa de la Devesa de Remesal  parecía cómoda y cruzando la calle disponíamos de un corral habilitado para hacer barbacoa que nos vino genial para nuestras meriendas/cenas bajo unos nogales.
La misma tarde de nuestra llegada algunos aprovecharon para ir a bañarse a La Puebla, en la playa fluvial de La Chopera.

Al día siguiente comenzamos por hacer una ruta de senderismo que yo nada más empezar tuve que abandonar por comprender que iba a ser muy dificultosa para mí.

La ruta, de 7 km se llama "Las cascadas de Sotillo" y es circular. Se sale tras cruzar el río Truchas, en el pueblecito de Sotillo de Sanabria y transcurre a lo largo de un sendero, de los que en mi pueblo llamamos callejas, en muchos tramos encharcado y bajo la sombra de una magnífica arboleda de fresnos, avellanos, robles, nogales, castaños, etc...

Cuando volvieron los senderistas al punto de partida comimos en un merendero junto al río, que quizás habría que mantener un poco más, ya que era difícil encontrar una mesa utilizable. Finalmente logramos acoplarnos y muy rico todo...😋😋😋.

Como los días de junio son tan largos aún nos dio el día para muchas cosas más, tomar café y visitar la Puebla de Sanabria, que está en el catálogo de los "pueblos más bonitos de España" y desde luego tiene méritos para ello.
En un alto se ubican castillo, iglesia y plaza mayor, así como un precioso caserío de piedra y balcones con flores. Una delicia pasear por sus calles y hacer fotos en sus rincones.
 
Después nos dirigimos a San Martín de Castañeda bordeando el espectacular lago glaciar que da nombre a toda la comarca.
En San Martín hay un albergue de la JCyL en el que yo me había alojado en mi anterior visita al Lago en mis años de estudiante. Guardo en mi memoria algunos recuerdos entrañables y unas pocas fotos que atestiguan mi paso por aquellos cañones y serranías, allá casi por la época de la última glaciación😉.

Visitamos su monasterio, que fue hasta la Desamortización uno de los más importantes del antiguo Reino de León. De factura románica, conserva intactas algunas partes como la iglesia, con sus típicos ábsides en los que anduvimos retratándonos.
Desde aquí continuamos por carretera hasta la Laguna de Los Peces a la que  bordeamos hasta el aliviadero. Por el camino eran evidentes los estragos del fuego del verano anterior, había muchas zonas de piornales quemadas.
Y aún nos dio tiempo a la bajada para tomar un refresco y baño en "La playa de los enanos".
Para aprovechar el viaje, el domingo decidimos pasar al vecino Portugal, a la villa de Braganza.
Hay 42 km entre la Puebla y la villa portuguesa, pero se tarda casi una hora por lo dificultosa de la carretera. Para llegar por el camino de Rihonor de Castilla o Rio de Onor de Portugal se atraviesan zonas de monte totalmente despobladas y buenas para la caza, hasta llegar a los dos pueblos antes nombrados y que son en realidad uno sólo con un barrio en cada país.
No hay más que ver esta aldea fronteriza tan aislada para imaginarse un pasado de floreciente contrabando.

Braganza es una pequeña urbe fortaleza, como todas las poblaciones fronterizas entre las dos naciones hermanas y tantas veces enfrentadas en los tiempos pasados.
El nombre de la villa lo llevó de apellido la más importante familia nobiliaria portuguesa, los Braganza, algo así como los Alba castellanos, y que allí, en el país vecino terminaron por ser coronados, siendo la última dinastía reinante en Portugal.

La fortaleza de Braganza es imponente. El castillo se conserva muy bien y había múltiples visitantes. Me llamó la atención una lista de caídos por la patria en lugares infames, a los que tuvieron que ir los pobres soldados portugueses a perder la vida por defender otro imperio en el que "tampoco se ponía el sol".
Allí junto al castillo hay una espectacular iglesia y un edificio románico de carácter civil, que pudo ser centro de reuniones del concejo o algo parecido.

A continuación salimos del recinto amurallado caminando hacia el centro histórico de Braganza, llegamos hasta la plaza de la catedral por una calle alargada. Apretaba de lo lindo el calor, así que decidimos volver a por los coches y salir camino de España.
Comimos en Zamora, junto al Duero. Como ni siquiera junto al río se aliviaba la calorina,  dividimos el grupo, unos para Madrid y Toledo y nosotros, puertos arriba a pasar el verano junto a nuestra Sierra de Gredos. Ya en otoño cogeremos de nuevo la mochila...ya si éso...🥵🥵🥵









viernes, 21 de agosto de 2026

LA COSTA BRAVA

Mucho viajar por el mundo pero no conocía la Costa Brava, sólo había pasado por allí con 20 añitos de camino a Italia en la excursión del "paso del ecuador" cuando estaba estudiando en Salamanca.


Recordaba muy pocas cosas, dormir en Tossa de Mar a la ida y a la vuelta, porque por difícil que parezca creerlo hoy en día, a mediados de los ochenta del pasado siglo viajar en avión era muy caro para el común de los mortales, más si una era estudiante y tiraba del bolsillo paterno al que no queríamos castigar más de lo necesario y en consecuencia a Italia se iba en bus.

Era el mes de marzo y recordaba haber estado con mis amigos esperando la noche junto a un castillo, echándonos unas buenas risas. También recordaba ver el mar por entre los pinos desde la ventanilla del bus.
Y más o menos es eso lo que me he encontrado una costa repleta de vegetación y un precioso mar azul. 

Tossa es muy parecido a lo que recordaba,  un antiguo pueblo medieval, protegido por una espectacular muralla. A pesar de ser primeros de junio había un ambiente muy animado. Muchos extranjeros, sobre todo franceses, y muchos grupos de estudiantes.

Los primeros días del viaje nos alojamos en Lloret de Mar, donde los huéspedes eran o muy mayores o muy jóvenes,  montones de excursiones de fin de curso, con la alegría propia de la juventud que animaban playas y paseos cada noche. 
Dedicamos algunos días a la playa, pero otros dos salimos a ver pueblos.

Empezamos por Peratallada, Pals y Begur.
Son preciosos pueblos medievales, muy bien conservados, con casas antiguas y calles empedradas. Como además tuvimos la fortuna de llegar al final de la primavera estaban todos llenos de flores, las enredaderas y las buganvillas de las fachadas hacían de cada rincón una posible foto Instagram.

Todo muy limpio y arreglado, en fin que nos encantaron estos pueblos de tan coquetos y cuidados.


Otro día decidimos seguir viajando por los antiguos Condados catalanes, y bien digo, ya que visitamos Gerona y Besalú, donde  a día de hoy no tienes más que pasear por sus calles para darte cuenta de que ahí hay mucha Historia atesorada. 

La capital de provincia, Gerona, es una antigua villa que conserva su impronta medieval, sobre todo en sus alargadas y estrechas calles y en esos callejones llenos de escalones que fue en otros tiempos el barrio judío y donde me dejé "la escasa fuerza de mis piernas", y es que a pesar del esfuerzo por subir no pude ver la catedral, parece ser que estaban rodando alguna serie o documental, ya es mala suerte para una vez que voy. 

Lo que sí visitamos fue la zona de coloridas fachadas que se reflejan en el río  Onyar, un espectáculo.  Pero he de señalar que muchas de esas casas dan sensación de estarse deteriorando, los pisos bajos son bares o restaurantes, pero yo diría que en los de arriba apenas vive gente.

Le comentaba a mí compañero de viaje que yo tenía conocimiento de la existencia de ese enclave desde los 16 o 17 años,  momento en el que leí la famosa trilogía de José María Gironella sobre la Guerra Civil. En el primer volumen, "Los cipreses creen en Dios",  la protagonista  Carmen Elgazu, una vasca que vive en Gerona, se asoma desde una de estas ventanas. Debió ser una imagen tan potente que había quedado en mi memoria aun sin haber visitado el lugar.

De aquí nos marchamos a Besalú, otra villa medieval con espectacular puente sobre el río Fluviá, que hay que atravesar para entrar a la población en la que uno se imagina llegando a galope a los caballeros del conde, después de haberse peleado con moros o cristianos de conde rival.

Yo quería mi foto Instagram accediendo a la villa por el puente, pero no fue posible, había tantos turistas que mi compañero perdió la paciencia. 

Nos quedamos sin ver el universo Dalí, Figueres, Port Lligat, Cadaqués, no hubo tiempo, la siguiente vez. Así como la vistosa Ampuria Brava y Rosas. No importa, así tenemos pretexto para volver.😊

domingo, 28 de diciembre de 2025

UN PUENTE EN EDIMBURGO


Pues como cada año por estas fechas, cogemos mis amigas y yo carreterita y manta y ¡hala!, a viajar a algún destino chulo de Europa. En esta ocasión le tocó el turno a Edimburgo, capital de Escocia, que como bien sabéis forma parte del Reino Unido, junto con Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, y tiene un fuerte carácter nacional que la diferencia claramente de sus otros vecinos británicos y que nosotras pretendíamos  descubrir.
Salimos del pueblo el viernes 5 de diciembre, pero echamos todo el día en el viaje, por la mañana hubo problemas en el aeropuerto de destino y el vuelo se retrasó muchísimo.
Menos mal que, como siempre, íbamos pertrechadas de buenos bocatas que compramos en "las búlgaras" de mi barrio y que  nos zampamos en el avión. Esa noche nos tomamos una pinta o media según los casos,  en el bar del hotel para ir entrando en ambiente y nos fuimos a dormir prontito para encarar con fuerza los días siguientes que serían un "no parar".
 El  Ten Hill Place Hotel está genial, muy buena ubicación, fantástico desayuno y por poner alguna pega tiene bañera en lugar de ducha, cosa que para mí es un verdadero obstáculo, pero bueno, muy recomendable en cualquier caso.
DÍA 6 DE DICIEMBRE, sábado por más señas, y como todos los años cumple de Iribar y de Román 😉, comenzamos con un opíparo desayuno que luego el día es muy duro, cogimos a continuación los bártulos y nos fuimos a la Royal Mile,  donde habíamos quedado para la visita guiada por la Old Town. 


Había un impresionante gentío, la mayor parte españoles, más de lo mismo que años anteriores en cualquier otra ciudad de Europa. Fran, malagueño, nos mostraría esa mañana está parte de la ciudad, abriéndonos paso por entre la riada humana.
Llovía un poco por eso yo salí con mi capisario que saco de año en año y que me viene genial para aquellas latitudes regadas habitualmente por el Frente Polar.
Partimos de la zona donde está el actual Ayuntamiento, frente a la Catedral de San Giles tiene, esta última, un campanario coronado, nunca mejor dicho, por una estructura en forma de corona muy original.


 En la misma plaza está el antiguo Parlamento que  perdió su función en 1707 con el Acta de Unión mediante el cual Escocia se unía a Inglaterra en lo que sería el Reino Unido y sus parlamentarios se marchaban a Londres.
Hay por la ciudad esculturas de personajes ilustres escoceses de los que Fran nos recordaba su importancia, los primeros Adam Smith y el filósofo David Hume, a los que recordábamos de nuestros años de bachilleres (Al segundo si le agarras el dedo del pie te transmite sabiduría).

Aquí al ladito está la que fuera taberna de un legendario personaje, posadero por el día y ladrón por la noche, y que parece que fue la inspiración para El doctor Jekill y Míster Hyde de L. Stevenson, y se llama Deacon Brodies Tavern (intentaríamos tomar allí una pinta al día siguiente pero estaba petada).

Una de las particularidades de esta ciudad son sus callejones o trasera de los edificios, los famosos Closes, entramos al primero donde se halla el Museo de los Escritores , dedicado a tres de los grandes, Walter Scott, Robert Burns y R. L. Stevenson. Como casi todos los Museos del Reino Unido es gratuito,  el problema, claro está, es que en estos viajes relámpago no tienes casi tiempo para visitar museos.
 
Desde aquí cruzamos de nuevo High St, bajamos unas escaleras y llegamos a la calle más pintoresca de la ciudad,  Victoria St, todas las fachadas y escaparates están pintadas de colores, además se ve un piso superior, una especie de balconada desde donde se asoma la gente.

Hay tiendas y bares súper conocidos, como la de Harry Potter y por lo que parece fue esta ciudad la que inspiró a J K Rouling para escribir su famosa saga, de hecho se sentaba a escribir aquí cerca, en un conocido pub. Algunos de los más típicos rincones se convirtieron en el telón de fondo de sus novelas.

También son muy famosos los Oink Restaurantes, en los cuales ponen en el escaparate un cerdo asado, crujientito, cuya carne mechada venden hasta que el cerdo se acaba y ya cierran hasta el siguiente día.
En fin, que muy entretenida la calle y va a desembocar en Grassmarket, plaza famosa porque fue escenario de las ejecuciones públicas durante siglos, aquí Fran nos deleitó con algunas escabrosas historias de famosos ahorcados, personajes ya legendarios que forman parte del imaginario popular de Edimburgo.


 También los cementerios antiguos forman parte de ese aura fantasmal que envuelve a este enclave medieval y por ello nuestro siguiente destino fue el famoso Greyfriars Cementery, donde llamaron nuestra atención las ventanas de los apartamentos limítrofes que se asoman entre panteones.


 Es el lugar donde te hablan del famoso perrito Boby que acudió a visitar durante 14 años la tumba de su dueño y tiene su propia placa conmemorativa y su estatua.

Y ya para finalizar la visita fuimos hacia la Universidad de Edimburgo, en uno de sus patios Fran nos habló de eminentes médicos y científicos escoceses, algunos de ellos premios Nobel como A. Fleming o J. Lister. 

Nos despedimos junto a la entrada del Museo Nacional de Escocia. Nosotras ya necesitábamos un descanso y una cervecita, cosa que logramos en un precioso y antiguo pub de la zona de Grassmarket Square.


 Y bien digo "logramos" porque están todos los Pub y restaurantes tan llenos que es difícil muchas veces conseguir mesa. Ya un poco más animadas volvimos a Victoria St. a hacernos fotos. 


Como allí las cervezas son sin pincho, pues nos fuimos a comer, donde pudiéramos, ya que veíamos que estaba todo lleno, llenísimo, así que nos pedimos unas hamburguesas y unas pintas que nos acabaron de arreglar. La verdad es que cuando encuentras mesa y te sientas a comer y beber después de varias horas andando bajo el tiempo  intempestivo de estas tierras del norte,  es una gozada, a mí me encanta!

Por la tarde, aquí ya noche cerrada, teníamos que caminar en el otro sentido de la Royal Mile, hacía el Palacio de Holyrood, aunque sabíamos que ya estaría cerrado y solo lo podríamos ver por fuera. Llegamos al actual Parlamento de Escocia antes de que este cerrara pero únicamente nos dio tiempo a tomar un café, no pudimos hacer una visita por el edificio que fue diseñado por el catalán Miralles y que es el icono de la arquitectura contemporánea de Edimburgo así como el símbolo de su autogobierno, recuperado tan solo hace una treintena de años.
En el camino de ida y vuelta buscamos algunos de esos tan famosos closes, entramos en unos cuantos de ellos, en algunos se habían grabado escenas de famosas series como Outlander, Harry Potter o Dept Q.

Aprovechamos también para comprar recuerdos de nuestro paso por estas tierras.

Y en el camino de vuelta decidimos tomar algo en algún pub, después de unas cuantas vueltas terminamos en Southsider Pub, un Sports bar en el que había un ambientazo, está lleno de pantallas y tomamos unas pintas mientras veíamos la liga inglesa, cosa que a mí, como a  futbolera que se precie de serlo, me moló ver. La  gente estaba muy animada con las pintas y algunos incluso le prestaban atención al partido 😉.

Como mi reloj decía que habíamos andado más de 11km, mi cuerpo dijo basta, cogimos algo para comer en el súper de la esquina y yo me retiré a mis aposentos. El hotel afortunadamente estaba allí mismo. 

DÍA 7 DE DICIEMBRE, DOMINGO.
Este día teníamos la visita concertada a la New Town. Habíamos quedado a las once de la mañana con Echedey, un canario la mar de simpático que nos enseñaría las próximas dos horas y media esta parte de la ciudad que  se proyectó al otro lado de las vías del tren y del Castillo, ya en el S XIX. Como gran parte de los ensanches de ese periodo se hizo a base de largas avenidas cortadas por calles rectilíneas. Un plano ortogonal con edificios de todo tipo y estilo, eclecticismo, o lo que es lo mismo, un popurrí de neos. Tratándose del Reino Unido predomina el neogótico por todas partes. De hecho este barrio lo preside un curioso monumento, como es el  gigantesco pináculo dedicado a la memoria del ilustre Walter Scott,  el más famoso novelista del romanticismo escocés que escribió obras tan famosas como Ivanhoe,  y al que se considera uno de los padres de la novela histórica. 


Sus calles y plazas están dedicadas a los símbolos de Inglaterra y Escocia, como las calles de La rosa y El cardo o los Santos patrones San Andrew y San Georges. 
Hay edificios preciosos, museos, bancos hoteles  como el Hotel Balmoral o el Gleneagles Townhouse, o cafés como el Royal Cafe.  Algunos de estos edificios admiramos desde fuera ☺️.

Caminamos hasta Princes St. Gardens, un parque en el cual había un extraordinario ambiente navideño, muchos puestos de comida y atracciones de feria y que como no llovía estaba muy animado. Nos hicimos la típica foto en  Ross Fountain, con el castillo arriba al fondo. 


Salimos a continuación hacia Charlotte Square, una tranquila plaza con las típicas casas georgianas, que fueron el hogar de los burgueses del siglo XIX. Entre ellas hay una que es la sede actual del Primer Ministro de Escocia, pero vamos, por que te lo dicen, si no pasaría totalmente desapercibida, allí no había policía alrededor ni signo alguno de ostentación.
Desde aquí nos dirigimos al Dean Village, un antiguo pueblo medieval que creció junto al río para aprovechar la energía hidráulica  para mover molinos. 


En el siglo XIX, como consecuencia del nacimiento del Movimiento Obrero y con la influencia de teóricos como Robert Owen, padre del socialismo inglés, se construyeron algunos habitáculos para trabajadores de las fábricas 🏭,  con el objeto de proporcionar una vida digna para la clase trabajadora y hoy se han convertido en iconos de la ciudad.

Sería un barrio idílico si no fuera por los cientos de turistas que lo inundamos a diario, con el río, los puentes y esas pintorescas construcciones que crean una atmósfera única, de lo más cinematográfica. 
Hay un paseo junto al río que seguimos para llegar al barrio de Stockbridge, que por lo visto tiene rincones encantadores y por el que yo pretendía pasear en la tarde/noche, pero no pudo ser porque mientras comíamos allí se puso a jarrear agua, osea que hubo que cambiar de planes.
Por el sendero que conecta los dos barrios se camina siguiendo el curso del río Water the Leigh entre vegetación abundantísima y árboles centenarios y se pasa junto a la fuente de San Bernardo, manantial de aguas medicinales sobre el que se construyó un templo circular de factura clásica y con una estatua de Higía en su interior, todo muy bucólico. 


Al llegar a Stockbridge, como he contado antes, lo primero era comer. No es fácil encontrar un lugar adecuado,  están todos los restaurantes  a tope, solo encuentras hamburgueserías o kebabs y cosas así. Después de patear la calle principal, dimos con una "Café andaluz " , que así se llamaba, aunque dentro sólo se hablaba inglés, la carta era de lo más peculiar porque por un precio cerrado de unos 17 euros te ofrecían tres tapas abundantes y un postre por persona, con lo que comías más que de sobra. Claro que supongo que no tienes que ir buscando exquisiteces como si estuvieras de verdad en España, a nosotras, después de lo que nos costó encontrar donde comer, nos supo a gloria.


 Cuando acabamos diluviaba,  con lo cual ver Stockbridge, realmente no lo vimos. 
Para esa tarde noche había planeado pasarnos por el Christmast Market, algunas finalmente acabarían dando una vuelta por allí, pero al llegar en taxi a las inmediaciones nos metimos en un pub porque seguía lloviendo muchísimo, aprovechamos para cumplir  con otra tradición de los viajes invernales que es tomar el vino caliente que entona cuerpo y alma. Finalmente partimos el grupo y unas se fueron al mercadillo mientras otras esperábamos en el hotel. 

Esa noche tocaba salir, por fin habíamos localizado la calle Cowgate, donde se encuentra el famoso Pub Stramach, antigua iglesia con música en directo y buen ambiente,  locales y turistas acuden cada noche a tomar unas pintas y a escuchar música 🎶, nosotras pasamos un rato estupendo con una musiquita rock fantástica.

DÍA 8 DE DICIEMBRE, LUNES.
De nuevo, a las diez de la mañana teníamos visita guiada, hoy por el Castillo, que es en realidad una fortaleza con diversas edificaciones dentro.
 
En esta ocasión nos guió Sara que puso mucho entusiasmo, pero soplaba un viento espantoso y la sensación térmica era heladora. intentamos escuchar con atención porque ella nos mostraba por fuera cuarteles, palacios, capillas o prisiones, e incluso un cementerio de mascotas y nos daba las explicaciones oportunas para que nosotras entráramos después a las distintas estancias. El día estaba claro, las vistas desde aquí arriba eran estupendas, pero no había quien parará, todos con gorros y bufandas, pero las extremidades se iban congelando.
 
En resumidas cuentas transitamos los lugares en los que habitaron los reyes medievales de Escocia hasta que entrado el siglo XVI mandaron construir el palacio de Holyrood  al lado opuesto de la Royal Mile, donde ya residiría la famosa Mary Queen.

Entramos a algunos de esos palacios, vimos las joyas de la corona, nos tomamos fotos junto a los cañones en las troneras y mirando las fantásticas vistas que hay desde ahí arriba.

 Algunas incluso visitaron los calabozos en los que se encerraba a los prisioneros. Otras esperaron fuera en la explanada.
Como  teníamos mucho frío pensamos que lo mejor era ir para la New Town y buscar un lugar para comer y caldear el cuerpo. Eso sí, primero entramos a la tienda del castillo 🏰,  luego a la Catedral de San Giles,  que es muy luminosa por dentro, a pesar de lo gris que es la ciudad.


 Como he comentado en otras ocasiones el hecho de haber abandonado el catolicismo en el siglo XVI ha hecho posible que podamos contemplar los templos del norte de Europa en un estilo gótico mucho más puro, sin los adornos excesivos que inundan los templos del sur de Europa. Y tras pasar por alguna tienda más, por fin encontramos acomodo en Society  Bar Kitchen, donde una especie de platos combinados que incluso tenían un cuenco con judías, hicieron que por fin nos entonáramos.

Para por la tarde habíamos planeado ver el Museo de Retratos, hay muchos museos, y gratis además, en la ciudad pero por este pasamos durante la visita guiada del día anterior y nos fue recomendado porque el edificio además es precioso. Tomamos café, hicimos fotos en el hall y paseamos un rato por sus salas.

Cuando salimos volvimos para la Royal Mile, a por las compras de última hora. Yo quería además que viéramos otro patio muy chulo, el New College de la universidad de Edimburgo, o Divinity School, aunque al ser de noche  y no estar iluminada, la torre de aguja trasera no salió en las fotos. 
 

Cómo las tardes/noches son tan largas, aún nos dio tiempo a tomar otra pinta antes de irnos a cenar. Esta última noche nos decantamos por Ciao Roma, un italiano que no defraudó, da gusto hablar en español y que te entiendan, cosa que ocurre con la mayoría de italianos. La dueña nos saludó y fue muy amable.
Y ya desde aquí nos fuimos para el hotel que al día siguiente nos vendrían a buscar por la mañana.
Como siempre quedaron cosas muy interesantes por ver, Holyrood, la National Gallery o la Modern Gallery. Había otras visitas guiadas como el de los pub más antiguos que seguro estaban chulos, o incluso habernos acercado a Glasgow, pero hay que asumir que todo no se puede hacer.
Así, como lo planificamos, creo que estuvo genial para un primer contacto por tierras escocesas. 
 
DÍA 9 DE DICIEMBRE, MARTES.
El martes fue día largo, la vuelta a Madrid y como nos quedábamos una noche pues lo que es ya un clásico,  salimos a cenar por el centro y a ver Madrid la nuit que está muy chula y animada en las vísperas de la Navidad. 
Y ya nos despedimos hasta el próximo año, que si nos respetan la salud y las obligaciones cogeremos abrigos y bufandas y volveremos a desafiar el frío en otra ciudad de Europa.