Mostrando entradas con la etiqueta viajes por España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajes por España. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de septiembre de 2026

UN FINDE EN EL LAGO SANABRIA

Si quieres un destino chulo para pasar un finde en el campo, el lago de Sanabria es una opción perfecta.

Nosotros estuvimos a finales de junio pasado, y como disponíamos únicamente del fin de semana procuramos aprovecharlo bien, senderismo, naturaleza, historia, etc.
Como al viajar a Asturias y Galicia se pasa por Benavente, yo tenía ganas, desde hacía mucho tiempo, de parar en esta villa histórica tan ligada a los duques del mismo nombre. Esta familia tan ilustre tuvo aquí una residencia en su palacio/castillo que se ha conservado convertido en Parador de Turismo. Propuse comer aquí,  y disfrutar entre el frescor de sus muros de piedra de los tesoros artísticos y culinarios que suelen albergar los Paradores. Nos marchábamos ya, cuando Maca y Jaime nos mostraron un espectacular artesonado mudéjar que recordaban desde su primera visita al lugar en sus años jóvenes.

La villa tiene un poco de todo, desde iglesias románicas hasta casas en ladrillo de estilo modernista que dan fe de un pasado pujante. 

Dimos un paseillo por el centro y tomamos una caña, había ambientillo, pero hacía mucho calor.
El alojamiento lo teníamos en Remesal, aldea ya cercana a La Puebla de Sanabria y famosa por el encuentro celebrado allí en 1506 entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso, su yerno, en el que se dirimía el futuro de Castilla tras la muerte de la reina Isabel.
La  Casa de la Devesa de Remesal  parecía cómoda y cruzando la calle disponíamos de un corral habilitado para hacer barbacoa que nos vino genial para nuestras meriendas/cenas bajo unos nogales.
La misma tarde de nuestra llegada algunos aprovecharon para ir a bañarse a La Puebla, en la playa fluvial de La Chopera.

Al día siguiente comenzamos por hacer una ruta de senderismo que yo nada más empezar tuve que abandonar por comprender que iba a ser muy dificultosa para mí.

La ruta, de 7 km se llama "Las cascadas de Sotillo" y es circular. Se sale tras cruzar el río Truchas, en el pueblecito de Sotillo de Sanabria y transcurre a lo largo de un sendero, de los que en mi pueblo llamamos callejas, en muchos tramos encharcado y bajo la sombra de una magnífica arboleda de fresnos, avellanos, robles, nogales, castaños, etc...

Cuando volvieron los senderistas al punto de partida comimos en un merendero junto al río, que quizás habría que mantener un poco más, ya que era difícil encontrar una mesa utilizable. Finalmente logramos acoplarnos y muy rico todo...😋😋😋.

Como los días de junio son tan largos aún nos dio el día para muchas cosas más, tomar café y visitar la Puebla de Sanabria, que está en el catálogo de los "pueblos más bonitos de España" y desde luego tiene méritos para ello.
En un alto se ubican castillo, iglesia y plaza mayor, así como un precioso caserío de piedra y balcones con flores. Una delicia pasear por sus calles y hacer fotos en sus rincones.
 
Después nos dirigimos a San Martín de Castañeda bordeando el espectacular lago glaciar que da nombre a toda la comarca.
En San Martín hay un albergue de la JCyL en el que yo me había alojado en mi anterior visita al Lago en mis años de estudiante. Guardo en mi memoria algunos recuerdos entrañables y unas pocas fotos que atestiguan mi paso por aquellos cañones y serranías, allá casi por la época de la última glaciación😉.

Visitamos su monasterio, que fue hasta la Desamortización uno de los más importantes del antiguo Reino de León. De factura románica, conserva intactas algunas partes como la iglesia, con sus típicos ábsides en los que anduvimos retratándonos.
Desde aquí continuamos por carretera hasta la Laguna de Los Peces, a la que  bordeamos hasta el aliviadero. Por el camino eran evidentes los estragos del fuego del verano anterior, había muchas zonas de piornales quemadas.
Y aún nos dio tiempo a la bajada para tomar un refresco y baño en "La playa de los enanos".
Para aprovechar el viaje, el domingo decidimos pasar al vecino Portugal, a la villa de Braganza.
Hay 42 km entre la Puebla y la villa portuguesa, pero se tarda casi una hora por lo dificultosa de la carretera. Para llegar por el camino de Rihonor de Castilla o Rio de Onor de Portugal se atraviesan zonas de monte totalmente despobladas y buenas para la caza, hasta llegar a los dos pueblos antes nombrados y que son en realidad uno sólo con un barrio en cada país.
No hay más que ver esta aldea fronteriza tan aislada para imaginarse un pasado de floreciente contrabando.

Braganza es una pequeña urbe fortaleza, como todas las poblaciones fronterizas entre las dos naciones hermanas y tantas veces enfrentadas en los tiempos pasados.
El nombre de la villa lo llevó de apellido la más importante familia nobiliaria portuguesa, los Braganza, algo así como los Alba castellanos, y que allí, en el país vecino terminaron por ser coronados, siendo la última dinastía reinante en Portugal.

La fortaleza de Braganza es imponente. El castillo se conserva muy bien y había múltiples visitantes. Me llamó la atención una lista de caídos por la patria en lugares infames, a los que tuvieron que ir los pobres soldados portugueses a perder la vida por defender otro imperio en el que "tampoco se ponía el sol".
Allí junto al castillo hay una espectacular iglesia y un edificio románico de carácter civil, que pudo ser centro de reuniones del concejo o algo parecido.

A continuación salimos del recinto amurallado caminando hacia el centro histórico de Braganza, llegamos hasta la plaza de la catedral por una calle alargada. Apretaba de lo lindo el calor, así que decidimos volver a por los coches y salir camino de España.
Comimos en Zamora, junto al Duero. Como ni siquiera junto al río se aliviaba la calorina,  dividimos el grupo, unos para Madrid y Toledo y nosotros, puertos arriba a pasar el verano junto a nuestra Sierra de Gredos. Ya en otoño cogeremos de nuevo la mochila...ya si éso...🥵🥵🥵









viernes, 21 de agosto de 2026

LA COSTA BRAVA

Mucho viajar por el mundo pero no conocía la Costa Brava, sólo había pasado por allí con 20 añitos de camino a Italia en la excursión del "paso del ecuador" cuando estaba estudiando en Salamanca.


Recordaba muy pocas cosas, dormir en Tossa de Mar a la ida y a la vuelta, porque por difícil que parezca creerlo hoy en día, a mediados de los ochenta del pasado siglo viajar en avión era muy caro para el común de los mortales, más si una era estudiante y tiraba del bolsillo paterno al que no queríamos castigar más de lo necesario y en consecuencia a Italia se iba en bus.

Era el mes de marzo y recordaba haber estado con mis amigos esperando la noche junto a un castillo, echándonos unas buenas risas. También recordaba ver el mar por entre los pinos desde la ventanilla del bus.
Y más o menos es eso lo que me he encontrado una costa repleta de vegetación y un precioso mar azul. 

Tossa es muy parecido a lo que recordaba,  un antiguo pueblo medieval, protegido por una espectacular muralla. A pesar de ser primeros de junio había un ambiente muy animado. Muchos extranjeros, sobre todo franceses, y muchos grupos de estudiantes.

Los primeros días del viaje nos alojamos en Lloret de Mar, donde los huéspedes eran o muy mayores o muy jóvenes,  montones de excursiones de fin de curso, con la alegría propia de la juventud que animaban playas y paseos cada noche. 
Dedicamos algunos días a la playa, pero otros dos salimos a ver pueblos.

Empezamos por Peratallada, Pals y Begur.
Son preciosos pueblos medievales, muy bien conservados, con casas antiguas y calles empedradas. Como además tuvimos la fortuna de llegar al final de la primavera estaban todos llenos de flores, las enredaderas y las buganvillas de las fachadas hacían de cada rincón una posible foto Instagram.

Todo muy limpio y arreglado, en fin que nos encantaron estos pueblos de tan coquetos y cuidados.


Otro día decidimos seguir viajando por los antiguos Condados catalanes, y bien digo, ya que visitamos Gerona y Besalú, donde  a día de hoy no tienes más que pasear por sus calles para darte cuenta de que ahí hay mucha Historia atesorada. 

La capital de provincia, Gerona, es una antigua villa que conserva su impronta medieval, sobre todo en sus alargadas y estrechas calles y en esos callejones llenos de escalones que fue en otros tiempos el barrio judío y donde me dejé "la escasa fuerza de mis piernas", y es que a pesar del esfuerzo por subir no pude ver la catedral, parece ser que estaban rodando alguna serie o documental, ya es mala suerte para una vez que voy. 

Lo que sí visitamos fue la zona de coloridas fachadas que se reflejan en el río  Onyar, un espectáculo.  Pero he de señalar que muchas de esas casas dan sensación de estarse deteriorando, los pisos bajos son bares o restaurantes, pero yo diría que en los de arriba apenas vive gente.

Le comentaba a mí compañero de viaje que yo tenía conocimiento de la existencia de ese enclave desde los 16 o 17 años,  momento en el que leí la famosa trilogía de José María Gironella sobre la Guerra Civil. En el primer volumen, "Los cipreses creen en Dios",  la protagonista  Carmen Elgazu, una vasca que vive en Gerona, se asoma desde una de estas ventanas. Debió ser una imagen tan potente que había quedado en mi memoria aun sin haber visitado el lugar.

De aquí nos marchamos a Besalú, otra villa medieval con espectacular puente sobre el río Fluviá, que hay que atravesar para entrar a la población en la que uno se imagina llegando a galope a los caballeros del conde, después de haberse peleado con moros o cristianos de conde rival.

Yo quería mi foto Instagram accediendo a la villa por el puente, pero no fue posible, había tantos turistas que mi compañero perdió la paciencia. 

Nos quedamos sin ver el universo Dalí, Figueres, Port Lligat, Cadaqués, no hubo tiempo; así como la vistosa Ampuria Brava y Rosas. No importa, así tenemos pretexto para volver.😊