sábado, 22 de noviembre de 2025

CRUCERO POR EL BÁLTICO. capítulo 6° KLAIPEDA (LITUANIA) 🇱🇹

Klaipeda, así se llama la ciudad  lituana donde hicimos escala, no parece tener mucho que ver pero sí de lo que hablar.
Es un destino turístico de reciente incorporación a los circuitos de cruceros, quizás porque hubo que rellenar el hueco que dejó San Petesburgo.
También tiene la pinta de haber tenido un pasado industrial y comercial importante y a buen seguro ha sido muy afectada por la reconversión industrial, por lo que se está  reinventando actualmente.
Lituania, la tercera de la Repúblicas Bálticas, es más grande que las anteriores y tiene un pasado histórico un pelín diferente a ellas, ya que fue un gran estado medieval, el Gran Ducado de Lituania, que se formó en 1253, cuando uno de estos duques consiguió unir a duques rivales y crear un extenso estado que se extendía por Bielorrusia y Ucrania. Tiempo después se unió a Polonia para frenar a los mongoles.
A finales del siglo XVIII, con Catalina de Rusia, cayó por vez primera en manos de esta nación. Pero estoy hablando del estado de Lituania, no de Klaipeda que ha sido la mayor parte de su historia una ciudad alemana, perteneciente al estado de Prusia Oriental y llamada Memel.
En el mapa se ve claramente lo que era el Imperio Alemán hasta la Primera Guerra MundialMemel (Klaipeda) su ciudad más al norte. Y después de ambas guerras se ha quedado en lo coloreado de azul, perdiendo una tercera parte de su territorio. 

Es Memel una ciudad fronteriza que pasó a Prusia gracias a un tratado en el Siglo XV y permaneció en manos alemanas hasta 1919 cuando acabó la Primera Guerra Mundial.
En ese periodo de entreguerras fue anexionada por Lituania, en 1923, que la quería como salida al mar Báltico. Pero hay un dato importante, un ochenta por ciento de la población hubiera preferido pertenecer a Alemania. En 1920  solo un 26% de la población hablaba lituano. 
 Por todo lo anterior, los nazis fueron bien recibidos y Memel fue recuperada para los alemanes por Hitler en 1939, que saludó a la población desde el balcón de su plaza del teatro.
 Como Alemania perdió la guerra  de nuevo Memel pasó a manos rusas y se integró en la República Socialista Soviética de Lituania. Y perdió definitivamente su filiación alemana y hasta su nombre. Siendo desde entonces  klaipeda. Se ha intentado primero rusificar enviando a los alemanes a Siberia  y después de la independencia de Lituania llamémoslo lituanizar,  imponiendo el uso de ese idioma en la enseñanza y cultura. En 2017 el 86% de la población hablaba lituano.
 En el plano turístico tiene cerca el  istmo de Curlandia, una zona costera de dunas muy interesante desde el punto de vista de la naturaleza y más concretamente de la avifauna.
Hay barcos que cruzan el istmo, pero nosotros andábamos un poco despistados y no lo hicimos. Nuestro recorrido por la ciudad fue interesante, Juanmi lo definió bien  cuando dijo sentir que visitaba una ciudad en su día a día, auténtica y no una exposición para turistas. 
Primero estuvimos en la Plaza del Teatro, con el famoso balcón del que hablé anteriormente. 

En medio de la plaza una escultura de Ann de Tharau, musa del poeta alemán Simon Dach, con un significado muy especial para la reivindicación del origen alemán de la ciudad.

En las calles de los artesanos hay muchas esculturas en bronce y es ocupación de los turistas irlas descubriendo (algunas encontramos en nuestro recorrido como el dragón). Pero lo indicado es llevar un plano de la oficina de turismo con las que hay que localizar.

Los restos del antiguo castillo se veían desde distintos puntos del recorrido, pero ya únicamente se conserva una torre cilíndrica y termina en un tejado cónico, del estilo teutónico visto en otros lugares como Tallín. Alberga dentro un museo donde explican su historia.

Después de recorrer varias calles del centro acabamos junto al río Nemunas, es una zona animada, donde destaca la figura de un barco de vela, más concretamente una goleta.

Le fue regalada junto a otras similares a los soviéticos por los fineses tras la Segunda Guerra Mundial, quizás como agradecimiento por no obligarlos a ser una República Socialista Soviética más, (esto me lo acabo de inventar). La nave surcó los mares y fue barco escuela para la armada Soviética. Cuando se dejó de utilizar se fue deteriorando progresivamente hasta que en 2003 se restauró y actualmente es un restaurante y uno de los lugares más fotografiados de la ciudad.

Desde aquí partimos para el edificio de correos, pero lo estaban restaurando. Decidimos seguir hasta el parque de las esculturas, que fue en realidad un cementerio y por tanto el pasear entre esas esculturas producía una sensación extraña.
Volvimos pateando calles y viendo simplemente el trasiego diario de la ciudad, negocios, publicidad, la gente. A mí toda esta zona me recordaba a cualquier ciudad rusa.
A lo lejos se veían dos torres contemporáneas de lo más interesantes porque parecía que encajaba una en la otra. Pero el efecto era completamente diferente dependiendo desde el punto de la ciudad en que las veíamos.

Era la hora de la cervecita, está vez sí entramos a un local para autóctonos y no para turistas. Las cervezas estaban ricas y eran baratas, así como lo que pedimos para comer, algo de pescado en salazón.
Ya más animados nos acercamos al muelle para preguntar si podíamos ir a la laguna de Curlandia, pero ya deberíamos haber partido, no había tiempo para volver antes de que zarpara el crucero.
Algunos decidimos quedarnos a comer y buscamos un restaurante en los muelles junto al río, Baras Senamiestik, donde nos pusieron unas sopas, cremas y unas croquetas de queso enormes. 
La cerveza buena. Nos gustó la experiencia. 
 
Desde aquí fuimos a hacer algunas compras, algo de ámbar, que  es típico de los Países Bálticos. De camino al barco nos hicimos fotos frente algún edificio de arquitectura fachwerk, de clara influencia alemana, que son los que están atravesados por vigas de madera en las fachadas.

A cada persona le sugiere cosas diferentes una ciudad. En este caso yo me quedé reflexionando sobre lo poco consistentes que son las fronteras. He escuchado muchas veces decir que España no se puede romper, y en verdad si eso no ocurrió en el pasado siglo fue quizás debido a que permaneció neutral en las dos Guerras Mundiales.
Pensad en un niño que naciera en Memel en 1902, año en el que vino al mundo también mi abuelo que nació y murió en Navacepeda,  provincia de Ávila. El supuesto niño al que aludo, primero sería ciudadano alemán, del estado de Prusia Oriental.  En 1919 su ciudad pasó a administrarse por la Sociedad de Naciones a la espera de un referéndum de autodeterminación que no llegó a realizarse. En 1923 pasó a ser ciudadano lituano, tras la anexión por este estado de la ciudad de Memel. En 1939 de nuevo alemán, en esta ocasión del III Reich.  Pero en 1945 el pasaporte se lo extenderían como ciudadano de la Unión Soviética. Y finalmente moriría en los años noventa del siglo pasado siendo de nuevo ciudadano lituano.
Lo mismo ha pasado en otras muchas regiones y ciudades de Europa.
Y aquí dejamos las reflexiones para dar por finalizado este magnífico viaje  de nuevo en Copenhague, tras llevar un montón de imanes para la nevera y una inmensidad de vivencias y conocimientos de las capitales bañadas por el Báltico tan próximas, pero tan lejanas a la vez de nuestra alma latina y mediterránea. 🖐👋






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