De capital a capital llegamos a Riga.
Hoy la guía era Beatriz, quién dijo haber hecho los deberes y estudiado a la ciudad como a continuación demostraría.
Caminamos entorno a la Catedral luterana, seguimos por la calle que lleva a Nuestra Sra de los Dolores,
Nos encaminamos hacia allá, y efectivamente el Jungendstyla, como le llaman allí, está por todas partes. Riga fue a finales del siglo XIX y primeros del XX una de las ciudades más importantes del Imperio ruso de los zares, la industria y el comercio hicieron florecer los negocios y con ello la prosperidad de esta urbe, es por ello que llegó hasta aquí esta moda europea y famosos arquitectos se asentaron en la ciudad.
La visita comenzó en la Plaza del Ayuntamiento, donde están también las letras de RIGA, así como las famosas casas de los Cabezas Negras. Esta ciudad, que también fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo que reconstruir algunos de sus edificios como es el caso de estas originales casas medievales que databan de la época en que se asentó aquí un importante emporio comercial de la Hansa.
Hay un Museo de la ocupación que junto con el del Corner House, que fue en su día sede del KGB, te dan una idea de lo vivido por los letones en la etapa soviética.
Un viaje como el nuestro te permite ver someramente las ciudades, pero para profundizar habría que volver con más tiempo.
Repetimos aquí estos dos enlaces en los que hice un pequeño resumen de la Historia de las Repúblicas Bálticas: Historia de las Repúblicas Bálticas I e Historia de las Repúblicas Bálticas II .
Desde esta plaza, la más fotografiada de Riga, nos dirigimos a la Iglesia de San Pedro con objeto de subir a su campanario.
Es una preciosa iglesia luterana de ladrillo rojo visto. Había ascensor y en esta ocasión pude observar la urbe desde arriba. La ciudad está río Daugava arriba, a unos 10 km hacia el interior, y se extiende por ambos márgenes del río.
Justo enfrente, al otro lado destacaba su Biblioteca Nacional, de nuevo una construcción moderna, súper original, y que era la tercera que veíamos. Se ve que los nórdicos han invertido mucho en cultura en estos últimos años. Su nacionalismo se vertebra entorno a sus lenguas, elemento diferenciador de los invasores que llegaban con sus propios idiomas, alemán, sueco o ruso. Sin embargo el letón así como el lituano y estonio han sobrevivido, sin saber cómo, al paso de los siglos. está es una de las razones para haber potenciado tanto recientemente estos espacios públicos.
Todo en derredor de la torre está el Vecriga, es decir el casco histórico, con sus placitas recoletas y preciosos edificios.
Acompañaba el día, claro y luminoso y se intuía desde aquí arriba la preciosa ciudad que teníamos a nuestros pies.
Por otro de los lados hallamos los antiguos angares, que son actualmente mercado central. En la misma dirección el Museo de Ciencias, que está ubicado en una de esas torres gemela de las ocho hermanas de Moscú tan características de la época soviética.
Bordeando toda la zona histórica circula el Canal de Pilsetas. Está rodeado por un parque lineal al otro lado del cual está el barrio Art Nouveau que visitaríamos después.
Al bajar nos topamos con una escultura en bronce de los músicos de Breme, similar a la de dicha ciudad alemana con la que Riga está hermanada. Repasamos este cuento porque es muy interesante, ensalza la valía de las personas aún cuando se crea que ya no tienen nada que aportar y también la importancia de la colaboración para lograr un fin.
Nos adentramos en el Vecriga, donde se conservan edificaciones medievales y también mucho Modernismo. No es de extrañar que sea Patrimonio de la Humanidad, tiene calles y rincones que son un espectáculo. Kramu Iela y Jauniela son algunas de las más pintorescas.
Caminamos entorno a la Catedral luterana, seguimos por la calle que lleva a Nuestra Sra de los Dolores,
Por el riconcito de los tres hermanos (casas medievales).
La casa de los gatos 🐱, con su propia leyenda. Parece ser que el propietario pidió el ingreso en la asociación de comerciantes que le fue denegado por no parecer suficientemente rico y para demostrar su disconformidad mandó construir este casoplón que coronan las figuras de dos gatos que dan el culo a la sede de comerciantes.
La Plaza Livu y para terminar en la puerta sueca. Hicimos montones de fotos en el trayecto.
Había una luz preciosa y la temperatura era agradable lo cual nos estaba permitiendo ver con toda tranquilidad todo el centro. Tras descansar un poquillo tomando una cervecita junto a la Torre de la Pólvora (actual Museo de la Guerra), echamos de nuevo a andar por el margen del Canal, en frente de la escultura de la Libertad y en dirección al mercado central donde habíamos planeado comer.
Tomamos asiento en un espacio habilitado para tal fin y cada uno buscó por allí platos al gusto. Tras las compras 🛍 de rigor, nos quedaba por ver la zona con mayor concentración de edificios Art Nouveau, las calles Estrelnieku, Alberta y Elisabetas Iela.
Nos encaminamos hacia allá, y efectivamente el Jungendstyla, como le llaman allí, está por todas partes. Riga fue a finales del siglo XIX y primeros del XX una de las ciudades más importantes del Imperio ruso de los zares, la industria y el comercio hicieron florecer los negocios y con ello la prosperidad de esta urbe, es por ello que llegó hasta aquí esta moda europea y famosos arquitectos se asentaron en la ciudad.
Hay una tipología distinta dependiendo de cada arquitecto, una rama más ecléctica representada por el ruso Mikhail Eisenstein, otra más naturalista que representa konstanstins Peksens y que se relaciona con el despertar del nacionalismo Letón.
Dimos un paseo por estas coloridas calles y nos encaminamos de vuelta a casa, pasando por una zona donde están las embajadas, atravesamos una calle en la cual a un lado está la rusa y al otro la ucraniana. Mirad que póster decoraba esta última.
Volvimos a atravesar otro precioso parque y ya camino del barco 🚢 y del último destino...
Dejamos Riga, llevando en la memoria la imagen de sus coloridas calles.
Hubiera sido interesante explorar el otro lado del Canal, así como la otra orilla del río donde se intuían edificaciones de lo más interesantes. Tampoco pudimos profundizar según dije anteriormente en los museos dedicados a lo que debió ser la dura etapa soviética.
Como suelo comentar, cada ciudad ha tenido una etapa histórica que deja ya para siempre una impronta imborrable. sin duda Riga, es ante todo una urbe modernista. Nosotros hubiéramos necesitado más tiempo para ojear sus más de seiscientas casas construidas en este estilo. De hecho hay un Museo, que fue en su día la casa del arquitecto Peksens y del que vimos su fantástica escalera.
Lo dicho: ¡Hasta siempre Riga! ¡Hasta siempre Letonia! 🤩😍🥰
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