He pensado que escribiría de estos dos destinos en la misma entrada, por diversas razones:
Primero porque están muy próximos, dos ciudades una a cada lado del Golfo de Finlandia, al fondo del cual se encuentra también San Petesburgo. Esta ciudad rusa era el destino estrella de los cruceros por el Báltico, pero tras la guerra obviamente los barcos ya no se dirigen allí.
La segunda razón es porque a Estonia se le relaciona más con Letonia y Lituania, pero culturalmente están más próximos a los fineses debido a la cierta similitud de sus lenguas, las únicas de toda Europa, junto con el húngaro y euskera, que no son de origen indoeuropeo. Esto lo explico en un audio que subí antes del viaje y que dejo aquí por si interesa a alguien Las lenguas que se hablan en los países bálticos .
La tercera razón para incluirlas en la misma entrada es poder señalar el contraste de una ciudad medieval como es Tallín, con otra absolutamente contemporánea como es Helsinki. Piénsese que no fue capital hasta bien entrado el siglo XIX, por lo que sus monumentos más antiguos son neoclásicos, al estilo de San Petesburgo.
Es curioso también el hecho de que Helsinki, se fundó para contrarrestar el poder de la Hanseática Tallín.
Empezamos por esta última, a la que arribamos el 29 de septiembre por la mañana. Mientras desayunábamos, ya se podían observar las agujas de las iglesias y los torreones de la muralla de Tallín.
Hoy teníamos como guía a Jaime, y al igual que había hecho Juanmi el día anterior, comenzó la explicación pidiendo que subiéramos al último piso del barco 🚢 para observar la ciudad y hacernos una idea de las distancias.
El día estaba desapacible, soplaba el viento, lo que hacía bajar unos grados la sensación térmica.
Se marcharon todos caminando, con el objetivo de subir a la muralla y a la aguja de la Catedral, Jose y yo cogimos un Bolt y quedamos con ellos en el mirador de Patkuli o quizás fuera en el kohtuotsa, no sé...
Menos mal que están cerca, porque ellos nos esperaban en uno y nosotros estábamos en el otro 😊. Mientras esperamos observando la ciudad, buscábamos el sol 🌞, pero aún así tuve que entrar a comprarme una bufanda.
Cuando finalmente nos encontramos caminamos hasta el otro mirador. Desde aquí, observando el perfil de esta urbe, se me ocurrió definir a Tallín como "La Ávila del Báltico ", por la personalidad que le imprimen sus potentes murallas. Las torres no están coronadas por almenas sino por estructuras cónicas que les dan un aspecto de lo más original. Debió haber en el pasado mucha riqueza que defender intramuros.
Este barrio, que está en una colina y por tanto en alto sobre el resto de la ciudad, es muy pintoresco y da gusto caminar por él, Toompea se llama, de hecho toda la ciudad vieja es Patrimonio de la Humanidad.
Paseando por sus callejuelas empedradas llegamos hasta la catedral ortodoxa de Alexander Nevski, construida durante la ocupación soviética, y es tal la tirria que los estonios le tienen a los rusos que muchos de ellos están a favor de volarla a pesar de su innegable belleza 😍.
En la misma plaza se encuentra el Parlamento estonio, símbolo de la libertad recuperada tras la independencia de Estonia que formó parte de la URSS hasta1991.
Desde esa fecha los estonios, como las otras dos Repúblicas Bálticas, han entrado en la OTAN, la UE, y han adoptado el euro, mostrando una clara voluntad de dar la espalda a sus antiguos ocupantes, los rusos.
Incluyo aquí un enlace donde grabé un resumen de la Historia de las Repúblicas Bálticas por si interesa: Historia de las Repúblicas Bálticas I y Historia de las Repúblicas Bálticas II.
Actualmente el 25% de la población de Estonia es de origen ruso y habla esa lengua y existen conflictos constantes entre las dos comunidades.
Desde aquí comenzamos el descenso hasta la Plaza del Ayuntamiento, es el centro neurálgico de la ciudad. Sus terrazas estaban llenas a pesar del fresco, nosotros buscamos un sitio soleado y también tomamos un café ☕️. Además del edificio medieval del Ayuntamiento hay casas de aspecto hanseático, y también la que dicen es la farmacia en activo más antigua de Europa, Town Hall Pharmacy.
Salimos por una esquina de la plaza a una calle, Vanaturu kael, que conserva algunas antiguas casas gremiales y es además, junto con la calle Virú, la arteria comercial del casco histórico; nos dirigimos a una de las puertas medievales de entrada al recinto amurallado, la puerta Virú, que se conserva perfectamente.
Llegados a este punto ya teníamos hambre, decidimos buscar un restaurante y quedarnos a comer; me gustaría dejar el enlace pero no lo encuentro, una pena porque era un local de lo más original.
Bebimos cervezas artesanas y comimos platos de sopa. Pero lo más llamativo de lugar era la decoración retro, de época soviética, fotos, teléfono ☎️ y hasta un secador de pelo con el que quise retratarme.
Después de comer, aún dispusimos de un rato para callejear, caminamos junto a la muralla y por rincones del casco antiguo.
Pasamos a algunas tiendas a comprar imanes, bolas de nieve o de navidad, etc., deambulando sin prisas por la Tallín antigua, antes de volver caminando al barco.
Como dije anteriormente estábamos cerca de Helsinki, la mañana próxima estaríamos allí.
El día 30 de septiembre por la mañana llegamos a Finlandia, el país de Papá Noel, de los renos, la taiga y de las personas más felices del mundo 🌎 (intentaremos averiguar por qué 😉).
En primer lugar voy a dar unas pinceladas de Historia para comprender mejor a la actual Finlandia. Este país es independiente desde 1917, año en el que estalló en la Rusia de los zares la Revolución, hecho que aprovecharon los finlandeses para proclamar su independencia.
Otro dato importante es que mantuvo este estatus durante la Guerra Fría, no cayendo en manos de los soviéticos como sus vecinos Estonia, Letonia y Lituania.
La realidad es que había formado parte del imperio sueco hasta 1815, en esa fecha fue cuando después de varios siglos cambiaron de amo de suecos a rusos.
Actualmente han decidido, como Suecia, abandonar su neutralidad y entrar en la OTAN por miedo a sus belicosos vecinos, los rusos.
Hoy le tocaba hacer de guía a Macarena y optó por contratar una visita guiada que nos recogía en el barco, entre otras cosas porque hay que desplazarse por distintos puntos de la ciudad un tanto alejados entre sí para hacerlo caminando.
Empezamos la visita por un parque bastante alejado del centro, el Sibelius. Este músico es una de las figuras clave en la construcción de una identidad finesa y es venerado en este país. El parque, que lleva su nombre, está en el barrio de Töölö, que según nos explicaron está muy de moda actualmente.
El monumento a Sibelius está formado por un centenar de tubos metálicos que suenan en los días de viento. Fue muy controvertida su instalación porque no acababa de convencer a los fineses.
A mí me gustó, como me gustó lo poquito que vimos del parque que está junto a un lago.
Según nos explicó la guía, el contacto con la naturaleza está en el ADN de está gente, que salen a diario a correr, montar en bici, tomar una sauna o sumergirse en las frías aguas de sus lagos.
Según íbamos mirando tras la ventanilla del bus se percibía un poco esa sensación de ser una ciudad muy verde, tranquila y relajante, cosa que quizás esté detrás de esa felicidad de la que hacen gala, junto a otros factores como los sueldos elevados y el alto nivel de vida.
Para comprender un poco la segunda parada hay que recordar que Finlandia es un referente a nivel mundial en lo que a arquitectura y diseño se refiere. Otra de las figuras veneradas aquí es el Arquitecto Alvar Altoo, que sentó las bases para una generación de arquitectos contemporáneos que construyen edificios a la medida humana, sostenibles, para que las personas se sientan cómodas en ellos. Para ello utilizan mucho la madera, que da esa sensación tan agradable de confort, así como el cristal que permite aprovechar la poca luz del largo invierno nórdico.
Como muestra de todo ello esta parada la realizamos en una explanada donde se encuentran la Biblioteca Nacional, el Centro de Música y El Museo de Arte Moderno.
Entramos en dos de ellos y me encantaron sus interiores, en la biblioteca te daban ganas de sentarte a leer tranquilamente. Había grupos de niños muy pequeños, nos habló la guía sobre cómo es aquí la educación, recordemos que está arriba también en el ranking mundial en cuanto a resultados de sus escolares. Parece ser, primero que los docentes están muy preparados y valorados. También nos dijo que los niños aprenden a leer tarde, que los primeros años los dedican al contacto con la naturaleza, con la cultura, a lograr un buen grado de autonomía personal y de autoestima.
De aquí a la siguiente parada, la Plaza del Senado, con la catedral luterana y el Ayuntamiento además de otros edificios históricos, construidos todos al más puro estilo neoclásico. Llama la atención que preside la plaza una estatua del zar Alejandro II de Rusia, bajo cuyo mandato los rusos le arrebataron Finlandia a los suecos.
A propósito de todos los años de dominio sueco, hay un 5% de la población finesa que declara el sueco como primera lengua y por tanto es también lengua oficial.
Bajamos de aquí caminando hasta el puerto, a lo lejos se veía la otra catedral, la ortodoxa rusa.
Dedicamos el tiempo libre a deambular por los puestos de artesanía y comida.
Comimos pescado desecado y tomamos cerveza, además de comprar algún recuerdo.
Al lado hay otro mercado, una construcción Art Nouveau súper chula, pero que ya tuvimos que ver a todo gas porque era la hora de volver al bus y al barco.
Se me quedó muy corta la estancia en Helsinki.
Yo creo que Finlandia da para una buena visita. Andar por sus islas, bosques y lagos, llegar a la tierra de los samis y los renos, saludar de paso a Papá Noel y ... relajarte en una de esas saunas que tan bien me vendría para mis maltratadas articulaciones...
En fin, vamos para el barco que el siguiente destino es un espectáculo, Riga😉
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