Ayer pasamos la Raya, "que no nos pasamos de la raya", no. Lo que hicimos fue cruzar la frontera con Portugal, frontera que es ya más imaginaria que física afortunadamente, después de tantos desencuentros con nuestros vecinos a lo largo de la Historia.
Iribar quería desde hace tiempo que fuéramos a ver Monsanto, pueblo portugués que ellos conocían y que les había parecido super chulo.
Otra parte de la expedición quería conocer un poquillo Plasencia, por la que pasamos montones de veces en nuestro camino al sur y que solemos dejar en el "debe".
Pues por ahí empezamos, a las 9,30 de la mañana o un pelín más tarde, según las circunstancias, estábamos un grupo de trece personas con Lola, la guía que nos iba a enseñar este precioso pueblo extremeño, quedamos junto a la catedral, en una plaza repleta de naranjos.
Comenzamos con las dos catedrales, la vieja de la que queda poco más que la portada románica y la nueva con una fantástica fachada plateresca y que se fue "comiendo" poco a poco a la vieja hasta que se acabó el dinero. Así un templo quedó inconcluso lo que afortunadamente salvó una parte del otro.
Otros edificios singulares dan fe del pasado glorioso de la villa. El palacio episcopal, con unas cuantas decorativas chimeneas signo de ostentación.
También la casa del Deán que tiene una ventana en esquina preciosa y que previamente había sido propiedad de una familia noble que dejó como seña de identidad un espectacular escudo.
A continuación pasamos por el antiguo barrio judío, con los nombres de los propietarios grabados en placas de metal en la acera.
Allí en la plaza de San Nicolás está el actual Parador, antiguo convento de los Dominicos y primera Universidad de Extremadura. También la trasera del Palacio de los Zúñiga, propiedad de los Falcó en la actualidad, donde suelen venir para casarse manteniendo una tradición familiar que permite lucirse a Plasencia en la "prensa rosa"; tras un pasadizo lo que debió ser su fachada principal un tanto oculta donde nos hicimos una fantástica foto de grupo.
Aún nos quedaba visitar una puerta y lienzo de la muralla así como la Plaza Mayor dónde vimos la casa más estrecha de la villa, al abuelo Mayorga y la Casa de Chocolate que gracias al descaro de los dueños ha logrado hacerse con un espacio casi inexistente y ocultar casi por completo a la iglesia que está por detrás.
Acabamos en la Oficina de Turismo, otro precioso edificio histórico de la villa, dando gracias a nuestra guía por habernos enseñado su ciudad de forma tan amena y provechosa... como ves, hubiéramos aprobado el examen 😉.
Hicimos la preceptiva parada técnica, cervecita o café según los casos y a por el siguiente destino, Monsanto.
Monsanto es un precioso pueblo portugués, a menos de treinta km de la frontera, está encaramado en un cerro y su caserío desciende ladera abajo entre los enormes bolos de granito de un berrocal, unas peñotas como las llamamos aquí.
Los peñascos se han aprovechado como paredes o tejados de las casas, según los casos, o para hacer corralillos, chiveros o cochiqueras.
Como debe además llover bastante y hay mucha humedad en las zonas más umbrías las piedras están cubiertas por espesos musgos; las calles están muy empinadas y con un cuidado piso también de piedra.
Es evidente que allí no hiela porque sería imposible mantenerse en pie con esas cuestas. Lo del clima ya lo veníamos viendo, era el día 11 de enero y todos los campos y dehesas estaban verdes y llenos de flores, los jardines de las casas tienen naranjos y limoneros así como geranios y hasta rosales en flor, algo impensable en nuestras serranías 😉.
Volviendo a Monsanto, es un pueblo de película, en sentido literal, ya que ha servido de escenario para pelis o series, por lo visto la muy famosa "La casa del dragón" es una de ellas.
Pero el pueblo en realidad es para verlo, la descripción nunca va a hacer justicia a la belleza que atesora.
La siguiente parada era para comer, que desde el pincho de Plasencia teníamos más hambre que los famosos "pavos de Manolo", teníamos reserva en Campo de tiro de Monfortinho en una dehesa junto a la Raya. Fue todo un acierto y lo recomendamos encarecidamente, comimos arroz caldoso, bacalao, pulpo y sepia, siete raciones para trece personas, si no nos hubiéramos dejado aconsejar hubiéramos tenido que venir con tapers para acá pues las raciones son muy generosas; de beber vino y cerveza además de postres al bufet libre y cafés. Resumen, todo genial y muy bien de precio, mucho más barato que lo que nos pedían por un menú en Monsanto.
Después de una vuelta por la finca😉 había que volver.
En la parte española, a cuarenta y seis km está Coria, decidimos hacer allí la parada técnica.
Susana recordaba haber ido hacía mucho y que había un puente sin río y un río sin puente, y es que efectivamente, el Alagón cambió su curso a raíz de una crecida y dejó al puente sin agua. Desde aquí, si miramos arriba asoma la catedral, hay que tener en cuenta que esta villa fue sede episcopal desde antiguo y que ya a mediados del pasado siglo se la instó a compartir dicha sede con Cáceres, desde entonces debió marcharse el obispo a la capital de provincia y ahora su palacio es un hotel de cuatro estrellas.
También cuentan que en el templo tiene una reliquia importantísima, el mantel de la última cena, pero a mí se me pasó comentar tan importante detalle a la concurrencia y nos vinimos sin ver si es bordado o a punto de cruz 😉.
Lo que sí me interesaba más es que apreciaran lo recio de sus murallas, de época romana, muy bien conservadas porque después sería fortaleza árabe y más tarde sede de un señorío cristiano de los Alba, dueños del castillo del que se conserva una torre del homenaje preciosa.
Hubiéramos necesitado también visita guiada, pero como ya habría sido mucha cultura para un solo día, dimos por finalizado el aprendizaje tomando una cervecita en una placita junto a la puerta de la muralla. Nos llamó mucho la atención que la gente estaba en la terraza pero con abrigos puestos y estufas encendidas. El mío se había quedado en el coche porque llevaba un jersey gordo y casi me había dado un pampurrio debido a la calorina que pasé comiendo, mi hermano estaba en manga corta también. En resumen qué diferencia de percepción del tiempo tenemos las personas, y más si vivimos en lugares con clima tan dispar.
Todo lo que cuento está a tiro de piedra desde NVCPD, y recomiendo ir a mis sufridos lectores, eso sí, ni se os ocurra bajar en verano a esos llanos desde estás serranías 😉.
Y a mis acompañantes, como siempre muchas, muchas gracias por vuestro interés😉, hay muchos pueblos interesantísimos para visitar en Extremadura y junto a la Raya, volveremos sin duda😉😊.
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