lunes, 4 de noviembre de 2024

VIAJE A VIETNAM Y CAMBOYA: capítulo IV SAIGÓN (HO CHI MING)

17/09/2024, DÍA 7, CIUDAD DE HO CHI MINH (ANTIGUA SAIGÓN)

Les comentaba a Jose y Beatriz que yo tenía conocimiento de la existencia de Saigón desde niña, que me gustaban mucho los mapas, cuando empezaba el curso y me daban el libro de Sociales me ponía como loca a buscar localizaciones, o quizás es que me sonara de las noticias de la tele a propósito de la guerra, no sé... Lo que seguramente nunca pude imaginar es que la vida sería tan generosa conmigo que me permitiría conocer algunos de aquellos lejanos destinos que a priori solo parecía que fueran a ser mundos soñados.

La cuestión es que aquí estaba, a punto de aterrizar en la antigua y derrotada capital del Vietnam. Como todos sabéis el sur perdió la guerra, ese episodio, el más cruento de la Guerra Fría, entre los comunistas del norte apoyados por la URSS y los capitalistas del sur apoyados por los EEUU incluso con su propio ejército, terminó con la evacuación "in extremis" de Saigón, capítulo de sobra conocido por todos gracias al cine. Después de perder la guerra, la ciudad perdió también su nombre, pasó a llamarse Ho Chi Minh Town, dándole así el nombre del que había sido líder de los vencedores. Es algo así como si a Madrid, por haber sido republicana, tras la Guerra Civil, la hubieran llamado "Ciudad de Franco". Todo un despropósito, me parece a mí y a los habitantes de la ciudad que la siguen llamando Saigón.

Es la urbe más grande  con casi diez millones de habitantes y la capital económica del país, de aspecto yo diría que es "menos vietnamita y más occidental" que Hanoi. Se la ve "viva", con mucho movimiento, donde se "mueve la economía y por consiguiente la pasta".

Al llegar, nos fueron a recoger al aeropuerto y directamente hicimos una visita panorámica por los lugares más emblemáticos de la ciudad. Guarda mucho, Saigón,  de su pasado colonial francés, veríamos algunos de esos majestuosos edificios: Ayuntamiento, Ópera, Mercado, Catedral de Notre Dame, Oficina de Correos. Tiene también espectaculares rascacielos, como cualquier otra urbe del mundo donde fluya el dinero y naturalmente sus monumentos  y barrios antiguos.

Empezamos por uno de ellos, Cho Lon, el barrio chino, donde visitamos la preciosa Pagoda Thien Hau. Por fuera no parece gran cosa, el barrio está muy transitado y el bus se aorilló allí en frente un momento para que pudiéramos bajar. Este templo tiene como originalidad la deidad  a quién está dedicado, Thien Hau.

 Una diosa que protege a los marineros y pescadores, es algo así como la Señora del mar, el equivalente a la católica Virgen del Carmen. Cientos de varitas y espirales de incienso y velas sueltan sus esencias en un ambiente absolutamente embriagador, o lo que es lo mismo en el lenguaje de mi casa: " mamá, vaya zorrera", pues eso, entre tanto humo la diosa, que tiene cara en bronce y está coronada, presenta un aspecto imponente. 


Las cenefas caladas de cerámica vidriada de las cresterías con sus cientos de figuritas en relieve  parecen una auténtica maravilla, vistas desde abajo y tan rápidamente. La pena, como siempre, no poder dedicarle tiempo para recrearte y apreciar los detalles.
No sé en que momento visitamos un segundo templo, la Pagoda Ngoc Hoang o del Emperador de Jade. 


Y como diría Jose, "tengo un cisco de templos", las imágenes de uno y otro se mezclan en mi cabeza; este es de más reciente construcción que el de la Señora del mar, tiene poco más de cien años, también es chino, de religión taoísta y confuciana. Precioso por fuera y por dentro, con capillas dedicadas a dioses, demonios, guardianes, yo diría que debe ser bastante ecléctico en cuanto a creencias y estilo constructivo. 

Sí recuerdo claramente la parada en el edificio de Correos, de estilo colonial francés, las guías dicen que fue diseñada por el mismísimo Eiffel, construida en hierro forjado para la estructura, vidrio para el paso de la luz y escayolas para la decoración. Para mantener el edificio se siguen enviando postales, como antaño, a todas partes del mundo. Beatriz le envió una a su abuela  y efectivamente le llegó.

Enfrente está Notre Dame, pero no entramos, está restaurándose.
En la calle Dong Khoi están los más famosos edificios coloniales franceses y las tiendas de lujo. Pasamos en el bus, aunque después volveríamos  por la tarde caminando. Pero antes de ir a hospedarnos en el hotel, nos quedaba el Mercado Ben Thanh.


 Bajamos a hacer una primera incursión. Justo enfrente del mercado hay una calle con un montón de tiendas donde venden los north face, tuvimos sólo unos minutos,  pero a los míos les quedo claro, había que dedicarle a las compras la tarde.
Nos instalamos en el Hotel Paragon . Y nos despedimos de guía y grupo hasta la mañana siguiente. Lo mejor, la ubicación, dejamos las cosas y salimos a comer. Teníamos hambre y se nos puso a llover, con ganas además,  para no dar más vueltas nos metimos a un restaurante de comida rápida no sé de que nacionalidad oriental, me gustó y me sentó bien esa sopa, mejor dicho ese cuenco con noodles, carne, etc. que te sirven. 

El café salimos a tomarlo fuera, curiosamente entramos a una boutique/café, digo bien, por raro que parezca vendían ropa que parecía de diseño y te servían un café o té.

La tarde fue interesante, dedicada a las compras, chalecos, camisetas, anorak, mochilas, vamos, de todo, tras esa vorágine compradora cada uno tenía planes distintos, piscina, siesta, etc.

Jose, Macarena, Tere y yo optamos por unas cervecitas, primero entramos en un local que encontramos en un callejón, semejaba un almacén y nos pusieron cerveza artesana;  junto al hotel encontramos un bar que se llamaba "vinos y tapas" , una taberna española donde nos aposentamos y hasta acabaríamos bailando.

Como siempre había que irse a descansar que al día siguiente nos íbamos al delta del Mekong.

18/09/2024,  día 8,  DELTA DEL MEKONG

Salimos en bus para el delta de tan inmenso río, es el octavo más grande del mundo, nace en la cordillera del Himalaya, desemboca en el mar de la China meridional  y pasa por varios países, China, Birmania, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam. Cuando llegas al delta vas pasando por sucesivos puentes sobre los nueve brazos en los que se abre el río antes de desembocar. Impresionan sus dimensiones, la zona del delta tiene más de tres mil kilómetros cuadrados de canales navegables.

 De camino, en el centro comercial donde hicimos la parada técnica, tenían un precioso jardín con pasarelas, plantas exóticas y estanque con flores de loto, nos sacamos algunas fotos y yo compré separadores de libros con figuras femeninas pintados a mano, para mis amigas.

Cuando llegamos al delta, en la provincia de Bentre, según cruzábamos sobre sus brazos veíamos casas flotantes sobre el río, el guía, un cubano llamado José, con el que nos entendimos perfectamente por compartir la misma lengua materna, nos contó que eran criaderos de peces, de aquellas piscifactorías se saca pescado para vender en Vietnam y por todo el mundo.

La visita propiamente dicha comenzó con un paseo en sampán, una canoa de madera propulsada a remo, por entre los juncos y las cañas que se crían en las márgenes del río.

 Se respiraba calma, era muy relajante ese fluir lento de las turbias aguas de los canales y el desplazamiento pausado de nuestra barca. Mientras, nosotros íbamos atentos por si veíamos fauna pero se ve poca, comentábamos que la tradicional falta de proteínas de que adolecen, hace, según ellos, que se hayan venido comiendo todo bicho viviente que se mueva.

Después pasamos con todo el grupo a una embarcación más grande propulsada a motor, seríamos una veintena de personas, dónde nos agasajaron con un coco, que por cierto estaba bien bueno.

 Hicimos unas cuantas paradas, encaminadas a ver como es allí la vida, parece plácida, tranquila... En primer lugar y mientras caía un buen chaparrón, en una casa local nos invitaron a unas frutas y un té.

 Además nos enseñaron como se tejen alfombras con fibras de caña de bambú, algunas de las integrantes del grupo se animaron a probar con la lanzadera. 

A cambio de su hospitalidad solo un pequeño puesto con productos artesanos por si les queríamos comprar algo. Recuerdo que José nos explicó que en otro tiempo esta familia había sido pudiente, pero había venido a menos porque fue de las que perdió la guerra, y que se había reinventado así, dando a conocer su vida a los turistas. Nos enseñaron su casa, os muestro su altarcito para honrar a sus dioses y antepasados.

La siguiente parada sería en una factoría de coco, del fruto de la palmera se aprovecha todo, el líquido como bebida refrescante conocida como leche de coco, la pulpa para infinidad de alimentos y productos industriales, la cáscara como fibras, en fin... multitud de usos.

 Estuvimos viendo como elaboraban algunos de estos productos. En la tienda yo probé el aguardiente que tiene una cobra dentro de la botella, no está tan fuerte como te imaginas. Me compré una pomada para la artritis reumatoide que solo me he dado un día y que huele a rayos.

La tercera visita fue a una fábrica de ladrillos con un horno, todo ello artesano. Me gustó verlo  pero no había nadie trabajando en ese momento y parecía un tanto desangelado, José nos explicó el funcionamiento.
Y ya llegada la hora de comer, bajamos de la embarcación y anduvimos un poco por aquellos  senderos entre cañas y palmas hasta el restaurante donde nos estaban esperando. Nos sirvieron, como siempre, comida local, aquí no podía faltar un pescado uno de esos bichos que se crían en las aguas de tan impresionante río.


 Tomamos incluso café. Nos trataron como siempre con mucha amabilidad. Ya desde aquí, caminando por senderos asfaltados, nos dirigimos hasta el bus observando un poco más como es la vida del día a día en las aldeas del Delta.

Me pareció super interesante la visita al delta del Mekong pero todos echamos en falta el mercado flotante tan colorista que hemos visto en la tele y que no sé si es que se celebraba otro día o ya no lo hay. Me olvidé de preguntar.


Esa noche en Saigón llovía de nuevo, como estábamos cansados buscamos algo cercano para cenar y caímos en un taiwanés, nos pusieron una especie de infiernillo sobre la mesa para cocinarnos la sopa.

19/9/2024, día 9. DE SAIGÓN A SIEM REAP
A la mañana siguiente, teníamos libre, nos recogerían a medio día para volar a Camboya, hicimos planes cada uno por su cuenta. Me hubiera gustado ir al Museo de la Guerra, pero a Jose también tenía que darle una tregua, así que salimos sin prisa a pasear por la calle Dong Khoi hasta la zona del mercado, allí tomamos café tranquilamente en una acera viendo pasar a los vietnamitas y observando sus vidas. 


Como sobraba tiempo volvimos a las tiendas donde yo cargué con un chalequito chulo.
A media mañana volvimos a por nuestras maletas al hotel y salimos para el aeropuerto. Tuvimos algún rato de crisis allí con el papeleo, Camboya sí pide visado para entrar y aunque lo llevábamos hecho, hubo que descargarse y rellenar otro documento.
Cuando por fin llegamos a la zona de embarque, llevábamos hambre, comimos por allí a base de bocatas y subimos al avión en busca de un nuevo país que te cuento en el siguiente capítulo.
Por el momento, decíamos adiós, quizás para siempre, a este país de gente tan maravillosa, que nos había cautivado. Chao Vietnam, hasta siempre❤️👋.

No hay comentarios:

Publicar un comentario