domingo, 28 de diciembre de 2025

UN PUENTE EN EDIMBURGO


Pues como cada año por estas fechas, cogemos mis amigas y yo carreterita y manta y ¡hala!, a viajar a algún destino chulo de Europa. En esta ocasión le tocó el turno a Edimburgo, capital de Escocia, que como bien sabéis forma parte del Reino Unido, junto con Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, y tiene un fuerte carácter nacional que la diferencia claramente de sus otros vecinos británicos y que nosotras pretendíamos  descubrir.
Salimos del pueblo el viernes 5 de diciembre, pero echamos todo el día en el viaje, por la mañana hubo problemas en el aeropuerto de destino y el vuelo se retrasó muchísimo.
Menos mal que, como siempre, íbamos pertrechadas de buenos bocatas que compramos en "las búlgaras" de mi barrio y que  nos zampamos en el avión. Esa noche nos tomamos una pinta o media según los casos,  en el bar del hotel para ir entrando en ambiente y nos fuimos a dormir prontito para encarar con fuerza los días siguientes que serían un "no parar".
 El  Ten Hill Place Hotel está genial, muy buena ubicación, fantástico desayuno y por poner alguna pega tiene bañera en lugar de ducha, cosa que para mí es un verdadero obstáculo, pero bueno, muy recomendable en cualquier caso.
DÍA 6 DE DICIEMBRE, sábado por más señas, y como todos los años cumple de Iribar y de Román 😉, comenzamos con un opíparo desayuno que luego el día es muy duro, cogimos a continuación los bártulos y nos fuimos a la Royal Mile,  donde habíamos quedado para la visita guiada por la Old Town


Había un impresionante gentío, la mayor parte españoles, más de lo mismo que años anteriores en cualquier otra ciudad de Europa. Fran, malagueño, nos mostraría esa mañana está parte de la ciudad, abriéndonos paso por entre la riada humana.
Llovía un poco por eso yo salí con mi capisario que saco de año en año y que me viene genial para aquellas latitudes regadas habitualmente por el Frente Polar.
Partimos de la zona donde está el actual Ayuntamiento, frente a la Catedral de San Giles tiene, esta última, un campanario coronado, nunca mejor dicho, por una estructura en forma de corona muy original.


 En la misma plaza está el antiguo Parlamento que  perdió su función en 1707 con el Acta de Unión mediante el cual Escocia se unía a Inglaterra en lo que sería el Reino Unido y sus parlamentarios se marchaban a Londres.
Hay por la ciudad esculturas de personajes ilustres escoceses de los que Fran nos recordaba su importancia, los primeros Adam Smith y el filósofo David Hume, a los que recordábamos de nuestros años de bachilleres (Al segundo si le agarras el dedo del pie te transmite sabiduría).

Aquí al ladito está la que fuera taberna de un legendario personaje, posadero por el día y ladrón por la noche, y que parece que fue la inspiración para El doctor Jekill y Míster Hyde de L. Stevenson, y se llama Deacon Brodies Tavern (intentaríamos tomar allí una pinta al día siguiente pero estaba petada).

Una de las particularidades de esta ciudad son sus callejones o trasera de los edificios, los famosos Closes, entramos al primero donde se halla el Museo de los Escritores , dedicado a tres de los grandes, Walter Scott, Robert Burns y R. L. Stevenson. Como casi todos los Museos del Reino Unido es gratuito,  el problema, claro está, es que en estos viajes relámpago no tienes casi tiempo para visitar museos.
 
Desde aquí cruzamos de nuevo High St, bajamos unas escaleras y llegamos a la calle más pintoresca de la ciudad,  Victoria St, todas las fachadas y escaparates están pintadas de colores, además se ve un piso superior, una especie de balconada desde donde se asoma la gente.

Hay tiendas y bares súper conocidos, como la de Harry Potter y por lo que parece fue esta ciudad la que inspiró a J K Rouling para escribir su famosa saga, de hecho se sentaba a escribir aquí cerca, en un conocido pub. Algunos de los más típicos rincones se convirtieron en el telón de fondo de sus novelas.

También son muy famosos los Oink Restaurantes, en los cuales ponen en el escaparate un cerdo asado, crujientito, cuya carne mechada venden hasta que el cerdo se acaba y ya cierran hasta el siguiente día.
En fin, que muy entretenida la calle y va a desembocar en Grassmarket, plaza famosa porque fue escenario de las ejecuciones públicas durante siglos, aquí Fran nos deleitó con algunas escabrosas historias de famosos ahorcados, personajes ya legendarios que forman parte del imaginario popular de Edimburgo.


 También los cementerios antiguos forman parte de ese aura fantasmal que envuelve a este enclave medieval y por ello nuestro siguiente destino fue el famoso Greyfriars Cementery, donde llamaron nuestra atención las ventanas de los apartamentos limítrofes que se asoman entre panteones.


 Es el lugar donde te hablan del famoso perrito Boby que acudió a visitar durante 14 años la tumba de su dueño y tiene su propia placa conmemorativa y su estatua.

Y ya para finalizar la visita fuimos hacia la Universidad de Edimburgo, en uno de sus patios Fran nos habló de eminentes médicos y científicos escoceses, algunos de ellos premios Nobel como A. Fleming o J. Lister

Nos despedimos junto a la entrada del Museo Nacional de Escocia. Nosotras ya necesitábamos un descanso y una cervecita, cosa que logramos en un precioso y antiguo pub de la zona de Grassmarket Square.


 Y bien digo "logramos" porque están todos los Pub y restaurantes tan llenos que es difícil muchas veces conseguir mesa. Ya un poco más animadas volvimos a Victoria St. a hacernos fotos. 


Como allí las cervezas son sin pincho, pues nos fuimos a comer, donde pudiéramos, ya que veíamos que estaba todo lleno, llenísimo, así que nos pedimos unas hamburguesas y unas pintas que nos acabaron de arreglar. La verdad es que cuando encuentras mesa y te sientas a comer y beber después de varias horas andando bajo el tiempo  intempestivo de estas tierras del norte,  es una gozada, a mí me encanta!

Por la tarde, aquí ya noche cerrada, teníamos que caminar en el otro sentido de la Royal Mile, hacía el Palacio de Holyrood, aunque sabíamos que ya estaría cerrado y solo lo podríamos ver por fuera. Llegamos al actual Parlamento de Escocia antes de que este cerrara pero únicamente nos dio tiempo a tomar un café, no pudimos hacer una visita por el edificio que fue diseñado por el catalán Miralles y que es el icono de la arquitectura contemporánea de Edimburgo así como el símbolo de su autogobierno, recuperado tan solo hace una treintena de años.
En el camino de ida y vuelta buscamos algunos de esos tan famosos closes, entramos en unos cuantos de ellos, en algunos se habían grabado escenas de famosas series como Outlander, Harry Potter o Dept Q.

Aprovechamos también para comprar recuerdos de nuestro paso por estas tierras.

Y en el camino de vuelta decidimos tomar algo en algún pub, después de unas cuantas vueltas terminamos en Southsider Pub, un Sports bar en el que había un ambientazo, está lleno de pantallas y tomamos unas pintas mientras veíamos la liga inglesa, cosa que a mí, como a  futbolera que se precie de serlo, me moló ver. La  gente estaba muy animada con las pintas y algunos incluso le prestaban atención al partido 😉.

Como mi reloj decía que habíamos andado más de 11km, mi cuerpo dijo basta, cogimos algo para comer en el súper de la esquina y yo me retiré a mis aposentos. El hotel afortunadamente estaba allí mismo. 

DÍA 7 DE DICIEMBRE, DOMINGO.
Este día teníamos la visita concertada a la New Town. Habíamos quedado a las once de la mañana con Echedey, un canario la mar de simpático que nos enseñaría las próximas dos horas y media esta parte de la ciudad que  se proyectó al otro lado de las vías del tren y del Castillo, ya en el S XIX. Como gran parte de los ensanches de ese periodo se hizo a base de largas avenidas cortadas por calles rectilíneas. Un plano ortogonal con edificios de todo tipo y estilo, eclecticismo, o lo que es lo mismo, un popurrí de neos. Tratándose del Reino Unido predomina el neogótico por todas partes. De hecho este barrio lo preside un curioso monumento, como es el  gigantesco pináculo dedicado a la memoria del ilustre Walter Scott,  el más famoso novelista del romanticismo escocés que escribió obras tan famosas como Ivanhoe,  y al que se considera uno de los padres de la novela histórica. 


Sus calles y plazas están dedicadas a los símbolos de Inglaterra y Escocia, como las calles de La rosa y El cardo o los Santos patrones San Andrew y San Georges. 
Hay edificios preciosos, museos, bancos hoteles  como el Hotel Balmoral o el Gleneagles Townhouse, o cafés como el Royal Cafe.  Algunos de estos edificios admiramos desde fuera ☺️.

Caminamos hasta Princes St. Gardens, un parque en el cual había un extraordinario ambiente navideño, muchos puestos de comida y atracciones de feria y que como no llovía estaba muy animado. Nos hicimos la típica foto en  Ross Fountain, con el castillo arriba al fondo. 


Salimos a continuación hacia Charlotte Square, una tranquila plaza con las típicas casas georgianas, que fueron el hogar de los burgueses del siglo XIX. Entre ellas hay una que es la sede actual del Primer Ministro de Escocia, pero vamos, por que te lo dicen, si no pasaría totalmente desapercibida, allí no había policía alrededor ni signo alguno de ostentación.
Desde aquí nos dirigimos al Dean Village, un antiguo pueblo medieval que creció junto al río para aprovechar la energía hidráulica  para mover molinos. 


En el siglo XIX, como consecuencia del nacimiento del Movimiento Obrero y con la influencia de teóricos como Robert Owen, padre del socialismo inglés, se construyeron algunos habitáculos para trabajadores de las fábricas 🏭,  con el objeto de proporcionar una vida digna para la clase trabajadora y hoy se han convertido en iconos de la ciudad.

Sería un barrio idílico si no fuera por los cientos de turistas que lo inundamos a diario, con el río, los puentes y esas pintorescas construcciones que crean una atmósfera única, de lo más cinematográfica. 
Hay un paseo junto al río que seguimos para llegar al barrio de Stockbridge, que por lo visto tiene rincones encantadores y por el que yo pretendía pasear en la tarde/noche, pero no pudo ser porque mientras comíamos allí se puso a jarrear agua, osea que hubo que cambiar de planes.
Por el sendero que conecta los dos barrios se camina siguiendo el curso del río Water the Leigh entre vegetación abundantísima y árboles centenarios y se pasa junto a la fuente de San Bernardo, manantial de aguas medicinales sobre el que se construyó un templo circular de factura clásica y con una estatua de Higía en su interior, todo muy bucólico. 


Al llegar a Stockbridge, como he contado antes, lo primero era comer. No es fácil encontrar un lugar adecuado,  están todos los restaurantes  a tope, solo encuentras hamburgueserías o kebabs y cosas así. Después de patear la calle principal, dimos con una "Café andaluz " , que así se llamaba, aunque dentro sólo se hablaba inglés, la carta era de lo más peculiar porque por un precio cerrado de unos 17 euros te ofrecían tres tapas abundantes y un postre por persona, con lo que comías más que de sobra. Claro que supongo que no tienes que ir buscando exquisiteces como si estuvieras de verdad en España, a nosotras, después de lo que nos costó encontrar donde comer, nos supo a gloria.


 Cuando acabamos diluviaba,  con lo cual ver Stockbridge, realmente no lo vimos. 
Para esa tarde noche había planeado pasarnos por el Christmast Market, algunas finalmente acabarían dando una vuelta por allí, pero al llegar en taxi a las inmediaciones nos metimos en un pub porque seguía lloviendo muchísimo, aprovechamos para cumplir  con otra tradición de los viajes invernales que es tomar el vino caliente que entona cuerpo y alma. Finalmente partimos el grupo y unas se fueron al mercadillo mientras otras esperábamos en el hotel. 

Esa noche tocaba salir, por fin habíamos localizado la calle Cowgate, donde se encuentra el famoso Pub Stramach, antigua iglesia con música en directo y buen ambiente,  locales y turistas acuden cada noche a tomar unas pintas y a escuchar música 🎶, nosotras pasamos un rato estupendo con una musiquita rock fantástica.

DÍA 8 DE DICIEMBRE, LUNES.
De nuevo, a las diez de la mañana teníamos visita guiada, hoy por el Castillo, que es en realidad una fortaleza con diversas edificaciones dentro.
 
En esta ocasión nos guió Sara que puso mucho entusiasmo, pero soplaba un viento espantoso y la sensación térmica era heladora. intentamos escuchar con atención porque ella nos mostraba por fuera cuarteles, palacios, capillas o prisiones, e incluso un cementerio de mascotas y nos daba las explicaciones oportunas para que nosotras entráramos después a las distintas estancias. El día estaba claro, las vistas desde aquí arriba eran estupendas, pero no había quien parará, todos con gorros y bufandas, pero las extremidades se iban congelando.
 
En resumidas cuentas transitamos los lugares en los que habitaron los reyes medievales de Escocia hasta que entrado el siglo XVI mandaron construir el palacio de Holyrood  al lado opuesto de la Royal Mile, donde ya residiría la famosa Mary Queen.

Entramos a algunos de esos palacios, vimos las joyas de la corona, nos tomamos fotos junto a los cañones en las troneras y mirando las fantásticas vistas que hay desde ahí arriba.

 Algunas incluso visitaron los calabozos en los que se encerraba a los prisioneros. Otras esperaron fuera en la explanada.
Como  teníamos mucho frío pensamos que lo mejor era ir para la New Town y buscar un lugar para comer y caldear el cuerpo. Eso sí, primero entramos a la tienda del castillo 🏰,  luego a la Catedral de San Giles,  que es muy luminosa por dentro, a pesar de lo gris que es la ciudad.


 Como he comentado en otras ocasiones el hecho de haber abandonado el catolicismo en el siglo XVI ha hecho posible que podamos contemplar los templos del norte de Europa en un estilo gótico mucho más puro, sin los adornos excesivos que inundan los templos del sur de Europa. Y tras pasar por alguna tienda más, por fin encontramos acomodo en Society  Bar Kitchen, donde una especie de platos combinados que incluso tenían un cuenco con judías, hicieron que por fin nos entonáramos.

Para por la tarde habíamos planeado ver el Museo de Retratos, hay muchos museos, y gratis además, en la ciudad pero por este pasamos durante la visita guiada del día anterior y nos fue recomendado porque el edificio además es precioso. Tomamos café, hicimos fotos en el hall y paseamos un rato por sus salas.

Cuando salimos volvimos para la Royal Mile, a por las compras de última hora. Yo quería además que viéramos otro patio muy chulo, el New College de la universidad de Edimburgo, o Divinity School, aunque al ser de noche  y no estar iluminada, la torre de aguja trasera no salió en las fotos. 
 

Cómo las tardes/noches son tan largas, aún nos dio tiempo a tomar otra pinta antes de irnos a cenar. Esta última noche nos decantamos por Ciao Roma, un italiano que no defraudó, da gusto hablar en español y que te entiendan, cosa que ocurre con la mayoría de italianos. La dueña nos saludó y fue muy amable.
Y ya desde aquí nos fuimos para el hotel que al día siguiente nos vendrían a buscar por la mañana.
Como siempre quedaron cosas muy interesantes por ver, Holyrood, la National Gallery o la Modern Gallery. Había otras visitas guiadas como el de los pub más antiguos que seguro estaban chulos, o incluso habernos acercado a Glasgow, pero hay que asumir que todo no se puede hacer.
Así, como lo planificamos, creo que estuvo genial para un primer contacto por tierras escocesas. 
 
DÍA 9 DE DICIEMBRE, MARTES.
El martes fue día largo, la vuelta a Madrid y como nos quedábamos una noche pues lo que es ya un clásico,  salimos a cenar por el centro y a ver Madrid la nuit que está muy chula y animada en las vísperas de la Navidad. 
Y ya nos despedimos hasta el próximo año, que si nos respetan la salud y las obligaciones cogeremos abrigos y bufandas y volveremos a desafiar el frío en otra ciudad de Europa.

lunes, 1 de diciembre de 2025

VIAJE A PORTUGAL: LA RIBEIRA SACRA

¡Cómo me gusta Portugal! Me encanta, aunque conozco más bien poco de nuestro país vecino. Su habla parece cercana pero he de confesar que no entiendo nada cuando hablan entre ellos, y si se dirigen a mí también me cuesta, aunque percibo que ellos nos entienden perfectamente cuando les hablamos en castellano. 
Me encanta su música, a veces me da por escuchar a Ana Moura, Mariza  o Dulce Pontes y emocionan.
Lo poco que he leído de sus escritores me parece buenísimo, Saramago y Lobo Antunes. Por no decir la arquitectura de Álvaro Siza, sublime, qué pasada!!!
La cuestión es que siempre tengo la sensación de que me tengo que poner con Portugal y esta vez se me puso a huevo, como suele decirse, me concedieron una de las visitas culturales de la CAM, que me llevaría por la Ribeira Sacra portuguesa y que además me lo daban todo hecho, no tenía que organizar nada como suelo hacer en otros viajes así  pues,  genial,  a ello...
De lunes 3 de noviembre hasta el viernes 7 al hotel 🏨 Pedras Salgadas en la freguesía del mismo nombre perteneciente al concello de Pouça de Aguiar. La misma tarde de nuestra llegada visitamos el precioso parque municipal, donde hay manantiales de aguas termales con propiedades medicinales. 
 
Las aguas se descubrieron en 1872 y en torno a ellas se construyeron balneario, restaurante y casino, en el estilo modernista propio de aquella época. Todo el complejo se ha rehabilitado recientemente y está en funcionamiento. El casino ha cambiado a un uso cultural. 

Perfectamente integradas dentro de la arboleda hay unas ecocasas que se alquilan para fomentar el turismo de interior.

El martes, día 4 de noviembre, visitamos por la mañana Guimaraes, el lugar que presume de ser la cuna de Portugal

Es una ciudad Patrimonio de la Humanidad la mar de interesante. Nos acompañó en la visita un guía local y empezamos por el castillo, se trata de una soberbia fortaleza construida en granito, donde se dice que nació el primer rey de Portugal, Don Alfonso Henriquez. Se conserva también la Iglesia de San Miguel, en la que dicho rey fue bautizado.

Muy cerquita está también el Palacio de los Duques de Braganza, con unas llamativas chimeneas y convertido actualmente en Museo, aunque nos dijeron que se utiliza para otros muchos usos, entre ellos para bodas.

Justo en la Plaza que hay junto al palacio se encuentra la escultura de don Alfonso Henriquez, ese primer rey de Portugal,  hijo de una infanta leonesa y de un borgoñón.

Toda esta zona está fuera de lo declarado como Patrimonio porque al parecer está restaurado en exceso.
Descendimos de la colina en la que se ubica el castillo 🏰 y ahora sí nos metimos por el casco histórico, sus estrechas calles y sus placitas tan pintorescas son absolutamente evocadoras.

 Pasamos junto al antiguo convento de las clarisas que es hoy el Ayuntamiento, construido en el típico barroco portugués de muros blancos con granito en vanos y esquinas, y con ese lenguaje opulento que  decora portadas y ventanales.

Y si te asomas al interior esos panes de oro. Pero sobre todo la magnífica azulejería azul que sólo puedes encontrar en nuestro país vecino.
 
Recordemos que Portugal vivió un momento extraordinario en el siglo XVIII tras independizarse de España, cuando se descubrieron minas de oro y diamantes en Brasil y se enriquecieron sus clases pudientes. Gran parte del Barroco y Rococó que encontramos por el norte de Portugal responden a ese advenimiento de riqueza.
Volviendo a las calles de Guimaraes no podemos dejar de comentar el magnífico empedrado por el que caminamos en todo momento.
 
 Nos dirigimos desde la Plaza de Sao Tiago a la de Largo de Oliveira. Tiene esta última un curioso monumento gótico que se erigió para conmemorar la victoria cristiana sobre las huestes musulmanas en la Batalla del Salado. También la Iglesia de Nossa S. de Oliveira, de origen románico,  que en su día  formó parte de un convento convertido hoy en el Museo Alberto Sampaio, muy popular en la ciudad.

A continuación nos dirigimos a la Plaza Largo de Toural, donde están las famosas letras de Aquí nasceu Portugal. Es la zona de la ciudad donde acababa la muralla y hoy  está rodeada de coloridas casas pombalinas.
 
Recordemos también que en 1755 un fortísimo terremoto destruyó por completo la ciudad de Lisboa. La reconstrucción  reinando José I, se encargó al Marqués de Pombal, y ese estilo de la capital se copió después en otras villas  portuguesas. Dicho estilo es sencillo, comparando con la moda rococó de la que se partía, son edificios de tres o cuatro plantas eliminando el exceso de ornamentación y que llevaban incorporada una estructura interior antisísmica.

Nos quedó un poco de tiempo para hacer un receso y tomar unos buñuelos de bacalao, comprar una navaja (para poder pelar la fruta en el hotel),  así como el consiguiente imán, y ya marchar a comer porque por la tarde visitaríamos Chaves.
Aunque de camino al bus nos quedaba por ver ese espacio absolutamente rococó que son Iglesia y jardines de Nuestra Señora de la Consolación.
 
Chaves es una villa medieval cercana a la frontera con España, Chaves significa llaves en español, y parece que el nombre le viene a la ciudad del dicho:  "quien tenga las llaves de este enclave tendrá las de todo Portugal".
 
El autobús nos dejó junto a la calle Cándido Sotto Mayor que desembocaba en el Puente de Trajano, sobre  el río Tâmega, y que  es de origen romano así como el resto de la villa.
 
Cruzamos el puente y nos dirigimos a sus termas romanas, un punto recuperado para el turismo, que se conserva bastante bien a pesar de sus dos mil años.
 
Subimos hasta la Iglesia de Santa María la Mayor o Iglesia Matriz, está en la plaza de la República y tiene origen románico. 
 
Al ladito nos encontramos la plaza de Camões donde hallamos edificios interesantísimos. La Oficina de Turismo que fue palacio de los Duques de Braganza  y alberga actualmente un museo con objetos de la antigua Aquae Flaviae . El Ayuntamiento o  Cámara Municipal, precioso edificio  neoclásico y una pequeña iglesia con azulejería, La Misericordia, que no pudimos ver.

El  Castillo conserva una potente torre del homenaje  y una parte del recinto amurallado, actualmente convertida en una zona ajardinada.
 
Se nos hizo de noche haciéndonos fotos entre cañones y jardines.

 Teníamos una hora libre y nos acercamos a la plaza Largo General Silveira donde están las letras de CHAVES con  la Biblioteca Municipal al fondo. 

Me hubiera gustado curiosear por las tiendas de la zona, pero Jose prefería una cerveza 🍺 y la tomamos  junto al puente, en un garito la mar de curioso, Bar 23 .

 
 Encontramos buena cerveza y bien de precio, y una decoración a base de matrículas de coches, chapas, vinilos, billetes antiguos, etc... se estaba la mar de agusto.
El miércoles 5 de noviembre diluviaba, como yo no puedo llevar paraguas y los dos bajo el mismo nos íbamos a empapar decidimos quedarnos en el hotel a la espera de la salida para Lamego  por la tarde. 
El bus comenzó su marcha por la provincia de Vila Real, camino de Peso da Regua, donde teníamos intención de parar junto al Duero, para observar sus puentes y riberas, pero diluviaba.
 Lo verdaderamente espectacular lo veníamos viendo por el camino y lo veríamos al día siguiente: Lo que es la Ribeira Sacra portuguesa. Al igual que en España, en esta zona el Duero (Douro para ellos) y sus afluentes se han encajado en una penillanura de rocas antiquísimas y esos tremendos desniveles de terreno vienen siendo aprovechados para construir terrazas (otros lo conoceréis como bancales) y sembrar en ellos única y exclusivamente vides, con objeto de producir su afamado vino de Oporto.
 
Una cosa es contarlo y otra verlo, no hay ni un palmo de terreno desaprovechado, ni un muro derruido, todo es un espectáculo de color para la vista. Estamos en otoño y en cada parcela las vides toman una coloración distinta. Resumen: nos encantó!!
 
Cómo los días son ya tan cortos y estaba tan nublado, al llegar a Lamego casi anochecía.
Esta pequeña villa es famosa por poseer una ermita de peregrinación muy similar al Buen Jesús del monte de Braga. En este caso se llama Nuestra Señora de los Remedios.


 Avanzas hacia ella por lo que es el centro neurálgico de la ciudad, la plaza/avenida del Vizconde Guedes Teixerira, con tiendas bares y restaurantes a los lados y en el centro un bulevar ajardinado, con fuentes dedicadas a las estaciones del año.
Es el típico espacio barroco, con distintos puntos de fuga que confluyen en el Santuario de Nosha Senhora de los Remedios, que se alza encaramado a lo alto de una escalinata de 686 pasos. En los tramos de descanso se ven preciosos azulejos con su azul característico, pero como en tantas ocasiones, hube de conformarme con verlo desde abajo.
 
Después visitamos la Catedral, conserva algún resto románico en la torre,  un poco de gótico en las portadas y mucho barroco en todo lo demás.

Visitamos el claustro, del siglo XVI, una señora intentó darnos alguna explicación en portugués, pero yo solo la entendía algo de Santo Antonio y de las crianças,  que creo que son los niños.

Ya era de casi de noche y por allí deambulamos Jose y yo entre los fantasmas portugueses 👻 que pasean por el claustro cuando oscurece.  
Lo mejor era ya esperar la hora viendo el ambiente de los bares y eso hicimos, tras pasar junto a la preciosa fachada del teatro Ribeiro Concieçao.

Por la misma provincia de Vila Real fuimos el día siguiente, el jueves 6 de noviembre, hasta Pinhao.
 
  El descenso en bus desde la penillanura hasta la ribera del Duero, por una carretera llena de curvas y entre viñedos fue todo un espectáculo. 
 
 Cada finca , que allí se llaman quintas tiene su correspondiente letrero identificativo y una tonalidad diferente a la vecina. Me hubiera encantado parar en una a probar su afamado Oporto.
 
Esta freguesía, ubicada junto al Duero, tiene una preciosa estación de ferrocarril que se construyó en el siglo XIX y está decorada con preciosos paneles de azulejería que representan escenas y paisajes relacionados con la cultura del vino. 

Nos dirigimos desde ahí a un embarcadero para pasear por el Douro durante un buen rato, en el barco la perspectiva desde abajo de los bancales no es tan  buena como bajando en el bus.

No obstante nos agasajaron con un vinillo y echamos un rato de conversación con los demás integrantes del grupo. 
Como cada día a la hora de comer estábamos de regreso en el hotel 🏨. 
Esa tarde visitaríamos una ermita que había allí mismo junto a Vila Pouça de Aguiar y desde la que había buenas vistas del valle.

De regreso paramos a hacer las compras de rigor, alguna botellita de vino de Oporto para compartir con la familia y ya estaría...
Porque el viernes, siete de noviembre, nosotros no podríamos volver con el grupo que iba a visitar Braganza. En nuestro caso nos esperaban asuntos irrenunciables en Madrid por lo que dijimos adiós, hasta pronto a nuestro vecino Portugal 🇵🇹
Y tras tan esforzada redacción, que realizo últimamente por cada nuevo destino que visito, llego a Madrid y cojo de mi estantería un libro que me regaló hace muchos años Mari Luz,  que se titula Viaje a Portugal del ilustre José Saramago, y ocurre que me muero de vergüenza por hacer públicos estos, llamémosles diario de viajes, sin tener ni idea del noble oficio de la escritura. Así pues me despido pidiendo perdón por tamaña osadía y rindiendo homenaje a tan ilustre escritor.